Entrevista a Germán Daffunchio de Las Pelotas

lunes, 24 de agosto de 2009

"Nosotros nunca buscamos el éxito"

Charlamos con Germán Daffunchio, cantante y guitarrista de Las Pelotas, y acá podés leer la nota, en la que habla de "Despierta", flamante disco de la banda, pero también de los anteriores trabajos discográficos, la relación con la prensa, y la reunion de Sumo hace dos años, entre otras cosas.

-Viendo el nombre del disco, la tapa, y la letra de muchas canciones, se puede pensar que se apunta a una especie de renacer de la banda, de empezar de cero, ¿es así?

-Hay algo de lo que vos decís que es real, no sé si volver de cero sino reinventarse, renacer. Todos los discos de Las Pelotas los encaramos con la misma intensidad, pero en este realmente han salido cosas muy buenas, todos estamos muy felices.

-¿Cuándo empezaron a cranear el disco?

-Normalmente lo que se cranea es cómo lo hacés, pero la otra cosa no es del cráneo, es del espíritu. Hay miles de formas distintas de componer, a veces dejo que trabaje el inconsciente y otras veces analizo mucho, soy muy analítico porque las canciones no son algo que va dirigido solo para mí, también va dirigido a la gente. Es como poder tratar de enfocar lo mejor posible lo que querés decir o a donde lo pensés llevar. Yo trabajo mucho en eso la verdad.

-¿Siempre fue igual o te fuiste volviendo más analítico con el tiempo?

-Lo que pasa es que en los principios sos menos conciente de los efectos. Hacés un tema como “Chupa-chupa” (Amor Seco, 1995), estás chocho de hacerlo, pero no lo van a pasar en ningún puto lugar (risas). Igual estoy orgulloso del tema.

-En los discos siempre hay alguna que otra letra con un toque divertido, de ironía, en este último se ve que este tipo de canciones se han dejado un poco de lado…

-No salió, no fue lo que sentimos. La acidez forma parte de nuestra vida todo el tiempo, es una especie de antídoto ante lo que ves, pero en este disco no salió. Es un disco que suena mucho más emocional, había muchas emociones metidas adentro que no tenían que ver con lo alegre.

-Hablando con Sebastián Schachtel (tecladista), nos decía que antes la grabación de los discos era como más improvisada, y ahora se trabaja mucho más…

-Cada disco fueron situaciones muy distintas. En el primer disco tuve que salir a buscar a un amigo que me prestara para grabar.

-¿Se la devolviste?

-Sí, se la devolví toda… Toda, toda (risas). “Amor seco” lo empezamos a grabar en Córdoba en el living de una casa con un grabador de una pulgada, una mesa y ningún efecto ni tres porongas. “Para que” (1998) lo empezamos a grabar armando el estudio a medias. Siempre nos adaptamos a las condiciones técnicas que teníamos, y eso no evitó que grabáramos discos. Tuvimos situaciones más caóticas que otras, hubo discos en que Gustavo, Gabriela y Sebastián no vivían en Córdoba, y entonces venían y tiraban cosas, y después me quedaba yo solo y decía “ahora por donde mierda sigo” (risas).

-Yo siempre leí que con Sumo eras un enamoradizo de la primera etapa, ¿te pasa algo parecido con Las Pelotas de extrañar esas cosas caóticas?

-No, yo creo que nosotros somos sobrevivientes. Y eso es haber campeado todos los temporales, los buenos y malos momentos, y seguir luchando. Hay una cosa que es la inocencia, cuando empezás a hacer algo que te estás metiendo en un mundo que vos crees que conocés, y otra cosa después es sobrevivir en el mundo real, a lo que te enfrentás. Cada cosa tiene su recuerdo glorioso.

-Vos entras en la música de forma un tanto casual, ¿no?

-Sí, pero yo cuando estaba en primer grado era director de la banda rítmica de la escuela. Lo que pasa es que cuando sos niño los padres no ven tus virtudes. Es cierto que entré de una forma fortuita, pero cuando navegaba me iba con mi guitarra y mi grabador, y hacía mis temas. Ahora lo recuerdo y me río.

-¿Ninguno que valga la pena?

-No te creas, eh (risas). Pero fue fortuito porque nunca estuvo dentro de mí el ser una estrella de rock, y sigo sin creerlo. Fue una forma fortuita pero también fue una de las mejores cosas que me pasó en la vida, porque valió y vale la pena. No por nada de lo que la gente se imagina, por la cantidad de drogas que consumiste o las minas que te cogiste y todo eso del rocanrol. Vale la pena por los grandes momentos, los recuerdos, por la paz que te da ser consecuente a través de los años. En este ambiente y en todos, el éxito es algo muy relativo, pero nosotros nunca buscamos el éxito, sino que buscamos ir a lo más profundo de nuestro corazón. De ahí que un montón de veces hemos sido un fracaso total (risas).

-¿Y vos pensás que “Esperando el milagro” (2003) tenía algo que los otros discos no para lograr ese éxito del que hablamos?

-La historia dice que “Esperando el milagro” fue casi como el nombre lo dice. Fue un disco en el cual habíamos llegado en una situación muy compleja. Tratamos de organizarnos lo más que pudimos y esperamos el milagro.

-Ustedes siempre hablan del ambiente del rock, de esa parte oscura del negocio. ¿Cómo hacen para mantenerse alejados, estando incluso adentro?

-Lo que vos llamás el negocio oscuro es todo, el dinero es oscuro, en todos los aspectos. El arquitecto que pichulea cien mil dólares y pone tornillos más chiquitos también tiene lo suyo. Para mí hay que diferenciar: cuando vos transás, y transás casi tu propia vida. Un ejemplo: empezás a trabajar en la autopista, sin desmerecer a nadie que trabaje en la autopista, por seiscientos pesos, agachás la cabeza, y estás transando, vos no querés ser eso. Y con respecto a la música, nosotros nunca transamos lo que somos, nunca cambiamos el discurso para vender más discos, sabiendo como es el medio. Por eso hace tanto que estamos y por eso tampoco fuimos un éxito (risas).

-Bueno, ahora más o menos…

-No, no, bueno puede ser, pero esto es a consecuencia de otra cosa. Nosotros desde la época que tocábamos con Luca, él siempre decía que todos los grupos que fueron grandes hicieron su público tocando. Esa es una teoría que es real. Vos agarrás un grupo cualquiera que tiene un tema exitoso, lo pasan en la radio y todo, pero cuando se acaba el boom esos tipos no están más. Creo que siempre hemos trabajado para hacer lo que hacemos lo mejor que podemos, después todo lo demás es consecuencia de la suerte, que estuviste justo parado en ese lugar y cayó el rayo ahí y tuviste superpoderes, que se yo (risas).

-Les ha pasado a ustedes desde siempre, tener a la prensa especializada que busca cosas más extra musicales que las relacionadas específicamente con la música…

-Siempre pasó, cuando apareció la “aplanadora del rock” nosotros éramos el rulemán de carrito (risas). Siempre pasó, pero yo sé lo que es la prensa.

-Lo que pasa es que muchas veces, por más que seguramente a vos no te importe lo que se diga, eso también le llega al público que te sigue.

-Entonces yo le diría a ese público que se hace mala sangre, que no se la haga. Hay una frase que me dijo una vez Sebastián (Schachtel) que es muy buena: “Los periodistas no son seres humanos, son periodistas”. Depende de lo que vos te nutras en la vida, si te nutrís de la revista Caras, Gente y toda esa cosa, bueno. Yo me nutro de otras cosas, no leo una puta revista, casi ni veo la televisión salvo un partido de algo que me divierte. Hay muchos periodistas que les he contestado con canciones, la más famosa es la que dice “rascando espaldas lograras escalar” (“Viejas rameras” de Todo por un polvo, 1999). Esa fue a un periodistas que si lo hubiese encontrado le rompía la cara a piñas.

-¿Conocido el periodista?

-Ni se como se llama. Eso fue hace unos años atrás cuando era más vehemente. Bajo qué punto vos me estas juzgando es la pregunta. ¿Cuáles son tus parámetros, que anteojos tenés para ver, qué es lo que estas viendo? Pueden decir que el disco suena como el orto… pero sabés lo que me costó hacerlo. Es cierto, suena como el orto, pero yo quería hacer música y sabés todo lo que me costó, la cantidad de días que mis compañeros estuvieron sin ver a sus hijos, a su mujer. ¿Eso a quien carajo le importa? A nadie.

-Cuando se juntaron en Mendoza y luego en River, muchos se ilusionaron de que se de una vuelta de Sumo, ¿realmente pudo pasar eso?

-Eso va a quedar en la fantasía de todo el mundo. Son dos cosas: una, esta claro que Sumo para todos los que estuvimos adentro es algo que tiene mucho respeto, lo respetamos demasiado. Después está claro también que al haber seguido cada músico su carrera, no nos agarramos de aquello, no era juntarse como Los Gatos para hacer los éxitos de los años ´80, cada uno tiene sus discos y su historia. Qué quiero decir con eso, que a mi no me da nada de vergüenza cantar un tema de Luca, al contrario, me parece un honor. Eso te estoy diciendo desde mi lado personal, después lo que pasó con lo demás habría que preguntarle a Natalia Oreiro (risas).

Nota: Pablo López y Sergio Visciglia.

Gracias a Patricio, del staff de Las Pelotas.

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