3/7/05 Nota a Ricardo Tapia

jueves, 5 de enero de 2012

ENTREVISTA CON RICARDO TAPIA, CANTANTE DE LA MISSISSIPPI

“Si Fellini hubiera nacido en Argentina sería el panadero de la esquina”

El 3 de julio de 2005, entre empanadas y vino, y viaje de ida y vuelta a bordo de un Fiat 1500 el cual fue testigo de jugosas anécdotas, Ricardo Tapia llegó a los estudios de Radio Fénix con su guitarra y sus armónicas para charlar un rato con nosotros y deleitarnos también con un poco de música. En medio de una charla relajada, distendida, y por sobre todas las cosas muy agradable, nos habló de su vida musical, de la historia de La Mississippi, de Pappo, el Pity, y también tuvo tiempo para reflexionar sobre los productores y las discográficas de nuestro país. Pero por sobre todas las cosas, y para cerrar la nota, nos develó el secreto para mantener un grupo unido durante mucho tiempo.


-¿Sos de salir a tocar solamente con la guitarra y la armónica?
-Hace mucho que no lo hago. Antes de La Mississippi, hace muchos años atrás, cantaba y tocaba blues acústicos. Luego llegó La Mississippi, que fue un proyecto eléctrico que prosperó. Yo pensaba que los proyectos eléctricos no tenían futuro porque en los ´70 los guitarristas eran medio “divas”, como ahora los armoniquistas, y era muy difícil armar algo. Pero nos juntamos con Gustavo Ginoi, guitarrista de la banda, y nos propusimos armar un grupo que prospere, que dure más de dos meses al menos (risas), porque duraban unos días los grupos siempre.

-Tuvieron una banda que duró un día, ¿no?
-Sí, hubo una banda de veinticuatro horas.

-¿Tuvo nombre?
-No, no tuvo nombre, pero post mortem fue “La 24 horas Band” (risas). Igual no sé si duro tanto porque tocamos en un sucucho y cuando terminó el show se enojó el bajista porque en lugar de cobrar lo que ahora son dos pesos con cincuenta cobró dos, gran diferencia.

-No le alcanzó para el pancho y la coca.
-Claro, y nos enojamos todos con él, él se enojó con nosotros y se disolvió la banda. Además era el dueño de los equipos y nosotros no teníamos nada. Se llevó la pelota (risas). Después pasaron los años y con Gustavo decidimos crear un proyecto serio, que en principio era hacer un blues clásico. En la capital nos encontramos con Luis Robinson, que estaba aprendiendo a tocar la armónica, y que en ese momento vendía telas. Él venía a casa por las tardes, donde escuchábamos discos y aprendíamos escuchando y tambíen tocando, por supuesto. Fueron tiempos lindos.

-Al principio entonces hacían covers.
-Es que el proyecto era ese, una banda que hiciera clásicos de blues, que funcionó muy bien durante años, llevaba mucha gente, pero que generaba un techo artístico en nosotros, y con el tiempo nos fuimos aburriendo. Entonces dijimos “vamos a tocar nuestros temas”, que por cierto ya teníamos varios.

-¿Cuáles fueron los primeros?
-El primer tema que hicimos con Gustavo y Luis fue Buenos Aires Blues, y después llegó el disco Mbugie, que nos agarró un poco de improviso; lo hicimos con poca fe, con la fe de quien hace un primer disco, pero que terminó siendo disco de oro en una semana, una cosa muy rara, ¡treinta mil discos! Era muy extraño para nosotros que no habíamos vendido ni una cama de nuestra pieza. Después llegó Bagayo, el segundo disco, que fue disco de oro en un mes. Estos dos discos fueron una muy buena base, que nos ayudó a tener un gran público desde un principio, como así también nos ayudó a manejar otras cosas. Antes de Mbugie tocábamos en barcitos, y pasamos después a tocar en festivales, teatros, con una movida más grande.

-¿Fue ahí que cambiaron el nombre ustedes y le quitaron “Blues Band”?
-No sé si fue justamente ahí, creo que fue más adelante. Esa fue una cuestión de cuando fuimos a armar el disco nos parecía que había muchas letras.

-Ya Mississippi es largo…
-Claro, y además era bastante tendencioso decir blues, y encima después también band, iban a preguntar si tocábamos con banjo o algo así, y no era el hecho (risas). Queríamos salir un poco de la estructura de sólo blues, porque no nos criamos sólo a golpe de blues. Escuchamos rock and roll, y muchos otros estilos; yo cuando tocaba solo, hacía también temas de Víctor Jara.

-En tu crianza musical el blues era entonces un estilo más…
-Era el color más importante pero no el único.

-¿Te acordás del primer show de La Mississippi?
-Sí, fue en el Teatro Arlequines, en 1988 creo que fue, y tuvimos mucha suerte en nuestro primer show porque ganamos plata, arrancamos con el pie derecho.

-¿Venían ensayando hace mucho?
-Un año, e hicimos uno show con videos, pero con que vengan 50 personas estábamos satisfechos, y aparecieron 450. De ahí en más hicimos varios Arlequines y muchos shows más. Había muchos lugares para tocar en los ´80, como así también en los ´90, no era tan difícil todo, era más fácil: los gastos eran menores, se ganaba plata, había acceso a las bandas desconocidas, y no se pagaba para tocar.

-¿No había cupo para las entradas, obligación de vender cierta cantidad?
-No, ni a palos, te daban para vender entradas pero si no vendías todas no pasaba nada. Esto exceptuando los ratas que siempre circulan en el medio.

-Había entonces más confianza con las bandas.
-Es que las bandas llevan gente siempre, y además le dan prestigio al lugar, por ejemplo la cantidad de músicos que se formaron en el Bar Einstein: Sumo, Redondos. Esto es algo que se perdió, como así también se perdió la confianza mutua.

-¿Te parece también que influye la presencia de las compañías discográficas que evalúan mucho a las bandas nuevas, o las condenan para un futuro?
-Siempre las compañías piden cosas a las bandas nuevas, está en ellas aceptarlas o no. Me parece que hay que tener mucho cuidado con ellas, pero ahora el mercado discográfico está muy deprimido, e incluso las bandas ya llegan con su público, y el trabajo ahora de las discográficas es colgarse al éxito de esos pibes. Es al revés ahora, y quizá muchas veces por eso baja la calidad final de algunos productos.

-Es como que vuelven al movimiento del rock como un negocio.
-Claro, lo que pasa es que las compañías siempre se manejaron así. Lo interesante sería que también desarrollen la artística de mucha gente que anda por ahí dando vueltas, artistas nuevos.

-Ustedes sacaron un disco independiente, ¿no?
-Totalmente independiente uno, Palacio de Pulgas, pero nunca firmamos con una multinacional. Sí distribuimos con multinacionales pero no hemos hecho contratos con ellas. Nos gusta más manejar las cosas nosotros, tener nuestras oficinas, etc.

Primer intervalo de la nota, para que Ricardo Tapia comience a tocar su guitarra y a agregarle música a la entrevista. Suenan entonces en preciosa versión acústica “Boggie de la ruta 2” y “Blues del equipaje”.

Interviene Rubén, operador de Radio Fénix: -Cuando vino a tocar Paul Rodgers, ustedes tocaron como teloneros, y toda la gente pedía que volvieran…
-Fue una linda noche en Obras (año 1993, Blues Festival en el cual además participó, entre otros, Jeff Haley). La gente de Aligator ni se imaginaba la movida que había acá de blues, el presidente de Aligator miraba todo Obras, la gente que había y no entendía nada, estaba realmente sorprendido, parecía París en los ´60. Pero los productores argentinos como siempre durmieron la mona y no volvieron a traer a nadie más. Ellos siempre dicen que no se puede nada, pero si esa teoría fuera cierta yo estaría muerto sentado en una silla. Hace poco, hablando con un productor discográfico, él quería saber lo que estábamos haciendo ahora, pero me lo dijo de una forma que no le entendí: me dijo “traeme un demo”. Yo le respondí que no le tenía que llevar ningún demo, que él me había llamado a mí. Entonces le conté una historia en relación con el famoso demo: Una vez, una compañía llamó a Pappo y le pidió que le diera un demo, y Pappo les dijo “ningún demo, yo soy Pappo, ¿qué te pasa?” (risas). Se calentó tanto que cortó e hizo Pappo y Amigos, “se van todos al carajo y me hago un homenaje a mí mismo”.

-A David Lebón le pasó lo mismo también.
-Es que los que manejan las discográficas son unos mocosos que no saben nada. Si vos manejaras la discográficas entenderías porque sos un tipo que sabe de música, pero a un tipo como vos que sabe de música nunca lo van a poner en ese puesto, es como que está todo al revés. A raíz de esto, y volviendo a lo de Pappo, tengo entendido que el que le pidió el demo perdió su puesto (risas).

-Eso que decías que “está todo al revés”, eso pasa mucho ahora.
-Hay especializaciones en las cuales hay que estudiar, y en Argentina el chantisimo está a la orden del día, pero hay que saber que hacer: si vos vas a manejar la parte artística de una discográfica tenés que saber, tenés que conocer a todos los artistas, no podés dibujar porque quedás muy mal frente a todos. No les podés decir terribles guasadas a los artistas. En otras partes del mundo esto no pasa, las compañías atienden por igual a tipos que venden cien mil copias, como a los que venden cincuenta mil, y como a los que venden siete mil. Es el caso de Francia, ahí son muy respetuosos con los artistas, y los atienden bien a todos, cada uno tiene su lugar y su negocio.

-Acá ganan las modas…
-Acá hay de todo, si Fellini hubiera nacido en Argentina sería el almacenero de la esquina.

-Por ejemplo, acá está el auge de las bandas que surgen de concursos televisivos, ¿no fuiste a ningún casting vos? (risas)
-No, pero me llamaron de un programa para ir a hablar con los chicos… No fui, les pedí disculpas pero les dije “si yo tengo que hablar te rompo el negocio”.

-Hubieras ido a romperlo.
-Es que si te ponés a pensar, de movida ponerle a un artista sólo el nombre… Adrián, Pedro, Juan, Juan ¿qué? ¿Cuál es tu apellido? Es una cuestión de respeto, no ponerle el apellido a un artista es no ponerle un sello distintivo a esa persona, es psicoanalíticamente espantoso. Hay pibes que cantan bárbaro, tienen un talento increíble.

-Pero quedan marcados por haber pasado por ahí.
-Claro, pero si a esos pibes los agarra otro productor artístico que le proponga componer sus propios temas, elegir su repertorio, la cosa sería distinta.

-Recién tocaste dos temas relacionados con la ruta y los viajes, ¿están basados en experiencias personales de ustedes?
-Boggie de la ruta 2 es un tema que yo hice a los 18 años, lo pusimos en el primer disco porque cada uno ponía los suyos y yo elegí ese. En realidad yo estaba esperando a mi prima y la odiaba porque no venía, encima estaba debajo de la lluvia. Yo vivía en Florencio Varela, cerca de la ruta 2, y ella tenía que venir a buscarme, me dejaron ahí parado y no había ni un solo árbol, entonces jodiendo le hice la canción.

-¿Para escribir en qué te basás generalmente?
-Cuando uno escribe escucha a la gente. Tenés que escuchar a la gente las cosas que dice, a tus compañeros, lo que se dice en comisarías, bares, inodoros, todo vale, todo tiene una frase interesante.

-Narrador de historias de otros…
-Todo el que escribe es narrador de historias de otros, porque las historias no son de nadie, trascienden y pasan al oído de otros, y eso es fantástico.

-El encargado de escribir en el grupo generalmente sos vos, ¿no?
-Sí, pero no soy el dueño de las ideas. Lo que sucede es que a mí me gusta mucho escribir, también escribo muchos cuentos cortos, que no tienen mucho que ver con las letras de canciones, son más que nada policiales.

-¿Eso queda para vos o tenés pensado hacerlo público?
-Voy a tratar de editarlos este año, me gusta mucho esa narrativa, Aroldo Conti por ejemplo, pero después desapareció el género policial político argentino, y me gustaría mucho seguir ese camino. Es difícil escribir, hay que ser un buen lector también.

Segundo bloque musical en donde Ricardo se despacha con “San Cayetano”.

-¿Qué amistades tienen ustedes dentro del ámbito del rock?
-Amistades íntimas un par nomás, pero amistad de conocer con respecto a la profesión todos, hay gente que vemos desde hace mucho tiempo. Al pelado (Gustavo) Cordera por ejemplo, lo conozco desde que hacíamos recitales maratónicos en Cemento junto a la Bersuit, en los que nosotros tocábamos a las seis de la mañana esperando a que ellos terminen; tocaban muchas bandas y nosotros nos íbamos, comíamos una pizza, volvíamos, y todavía faltaban un montón, no entiendo como hacíamos para aguantar esas jornadas, hay que tener buenos pies para ser músico (risas). Por otro lado, con Pappo hemos girado por un montón de lugares, incluso por el exterior. Después al Pity (cantante de Intoxicados) lo conocíamos de chico, el venía a vernos tocar desde muy chiquito con todos los de Viejas Locas, a todos los shows, y Pity una vez me contó: “voy a hacer una banda que se va a llamar Viejas Locas”. Lo queremos mucho, es como un hermano menor, él nos ha llamado en situaciones donde estaba lejos o internado, y a los únicos que lo dejaban llamar era a nosotros. Es una gran persona, y un gran autor, siempre aparece en los shows nuestros y se va, porque el siempre va y viene, no está en muchos lugares seguido, nunca sé donde está pobre Pity, pero lo queremos mucho.

Ricardo toca “Call it stormy monday” a pedido de un oyente.

-¿Cómo se banca una banda después de estar tanto tiempo juntos?
-Y… yo te voy a contar, primero nos damos unas buenas patadas… (risas) No, son dieciocho años juntos, y la fórmula para tocar tantos años juntos es no meterse en la vida de los demás, porque si te metés en la familia del otro es un desastre, ya bastante familia es uno. Lo mejor de convivir con la banda es justamente que hablás de música, de lo que te gusta comer, es como un club personal. Pero la mejor forma de mantener ese club es respetando la vida del otro, y nunca hacer que las esposas sean amigas (más risas).

-Es una recomendación entonces para todos los que recién empiezan.
-Fundamental, el preservativo del trabajo es que las esposas no sean amigas.

Se empiezan a comer las empanadas, se descorcha el vino y, como no podía ser de otra manera, Ricardo canta “El detalle”.

Fin del programa y la entrevista. Para despedirnos, nada mejor que “Un poco más”.

La charla sigue entre más empanadas, gaseosa y vino, y la vuelta en el Fiat 1500 se convierte en un buzón de anécdotas de todo tipo, entre las cuales no podía faltar la figura de Diego Armando Maradona.

Nota: Pablo López, Guido Prandini y Sergio Visciglia.


3 de julio de 2005









Nuestra primera entrevista...

martes, 3 de enero de 2012

ENTREVISTA CON ANDREA PRODAN – 24/11/2004

“Luca era como una bomba atómica, llegaba y cambiaba todo”

Si uno mira la frente de Andrea Prodan, si lo escucha hablar, incluso si lo escucha cantar, no puede dejar de pensar en su hermano Luca, aquel que llegó en la década del ´80 y rompió con todo lo establecido en el rock nacional. Pero Andrea es algo más que “el hermano menor”. Actor, músico, autor, vinculado a todo lo que pueda llamarse arte, tiene muchas historias para contar, y todo el sentido del humor para que estas sean más ricas de lo que originalmente son. Un día después de tocar con parte de su nueva banda “Roma Pagana”, Andrea habla de su vida, sus proyectos, su experiencia como cantante lírico, su amor por la Argentina, de Divididos, Las Pelotas, y claro, también de Sumo. Siempre será encantador recordar a Luca.


-Años atrás sacaste “A viva voce” (disco grabado totalmente con la voz).
-Sí, en 1995 volví a Argentina para sacar este disco, es una historia extremadamente larga, pero te la hago corta: empecé a ver si podía grabar un disco haciendo todos los instrumentos con la voz, estaba en Bologna, Italia, y todos se recoparon, pero como son italianos de esta época, rápidamente surgió la pregunta “¿cuánta plata vamos a hacer con este disco?” Entonces yo pensé “acá la voy a pasar mal”, por lo que llamé a Timmy McKern, manager de Sumo y amigo de mi hermano, para que me tire onda acerca de qué tenía que hacer en estos casos, porque yo del rock no conocía a nadie en Italia. Él me dijo: “Es increíble, pero justo me llamás hoy que tengo las llaves del estudio de grabación que siempre quise tener con Luca en las sierras”, y me incitó a venir a grabar el disco acá. Al mes siguiente estaba en Argentina grabando, cuarenta y cuatro días bíblicos haciendo clin clin clin, guitarra, tu tu tu ru ru tu tu, bajo, chi chi pum, batería, de todo, trompeta, me terminé volviendo completamente loco pero estuvo buenísimo.

-Una especie de esquizofrenia te agarró.
-Sí, tuve una crisis esquizofrénica, pero valió la pena.

-Jodido para presentar en vivo el disco…
-Imposible, por eso tardé muchos años para descubrir como se hace, hasta que me dijeron “es fácil, agarrá cuatro flacos que tocan y armás una banda”, por lo que me armé una banda (risas).

-¿Siempre te la pasaste imitando sonidos con la voz?
-Sí, cuando estaba en el colegio tenía al profesor que decía “ahora basta”, en ingles: “shut up now, boys”, y venía el silencio porque si no te cagaban a palos, y ahí yo empezaba con los ruidos, prrrrrrrr. Siempre estuvo eso, mi sueño es hacer el disco blanco de los Beatles todo vocal, un día lo voy a hacer. Cuando hacía el servicio militar en Italia me mandaban arriba con un rifle, y tenía que estar horas esperando que vengan supuestos terroristas y yo tenía que estar esperando ahí, por lo que me cantaba todo el disco, hasta que un día dije “estoy enloqueciendo” (risas). Después de un año me cantaba todo el album Blanco con todos los instrumentos, por lo que dije, “tengo que hacer plata con esto” (más risas).

-¿Cómo empezó tu relación con la música?
-Bueno, me da un poco de vergüenza contarlo acá entre hombres, pero cuando yo tenía once años era el capo solista del coro más famoso de Inglaterra, tenía esa cosa rara en la voz (imita una voz aguda) y las viejas decían “miren a ese chico como canta”, y ese era yo. Grabé dos discos, por lo que en realidad A viva voce no es mi primer disco. Después un día pasó algo físico, las dos pelotitas cayeron y la voz ya no fue igual.

-¿Los tenés los discos?
-Sí, tengo uno y el otro lo tengo escondido, me da vergüenza, tiene una foto espantosa, pero el otro a veces lo muestro y todo, pero no lo escucho. Un día si quieren lo traigo, ponemos un tema y nos cagamos todos de risa.

-¿Pero seguiste con la música después?
-Después de esa cosa física, yo empecé a escuchar mucho, y tenía un hermano mayor que todos ustedes conocen, quién tenía una cultura musical enorme, llena de pasión.

-Trabajaba en una disquería, ¿no?
-Sí, en Londres, pero eso fue después. Pero en ese momento Luca era un chabón más hippie, con el pelo largo, fumaba muchísimo y escuchaba todo el tiempo música, y no hacía un carajo. Me pasaba entonces toda la música. Después sí, cuando empezó a trabajar en la disquería me pasaba discos de punk rock, que era lo que más me gustaba a mí, después se enganchó él también, y nunca habíamos pensado, ni él ni yo, que iba a terminar en Argentina, y fue increíble. Porque yo lo vi casi morir, estuvo en Londres una semana en coma, muy mal, y al año me estaba llamando de Argentina que había armado una banda, y nos decía a mi hermana y a mí que viniéramos, por lo que vinimos y fue realmente impresionante ver a esta banda, este bicho en vivo.

-Participaste en una gira vos…
-Eran tres fechas en el interior, en Federación, Entre Ríos, también en un lugar que se llama Chajarí, donde tocaron en un galpón, un aeropuerto, sacaron todos los aviones y tocaron ellos. Como siempre estaba el tonto del pueblo que se recopaba bailando, y los otros miraban nada más, no les gustaba Sumo. De repente Luca paró todo y dijo “el único que la tiene clara acá es él”, lo invitó a subir al escenario, y cuando el alcalde del pueblo vio que el tonto era el héroe de la noche se puso mal, entonces también se puso a bailar, y todos hicieron lo mismo, y terminó siendo un quilombo terrible. Yo vi eso y dije “típico de Luca”. Luca era como una bomba atómica, llegaba y cambiaba todo, Luca cambió el pueblo. Ya en café Einstein, verlo era más normal, porque iba gente que buscaba algo raro, pero lo bueno era verlo en lugares donde le gente lo último que había visto era Sergio Dennis, y esto era muy distinto, muy raro.

-¿En Federación fue donde se produjo el encuentro con las pirañas que nos contaste una vez?
-Sí, mucho calor, y todos dijeron de tirarse al río. Los chicos eran como pendejos muy niños, se sacaron todos la ropa y se metieron adentro. Y me decían “dale boludo”, porque yo era el europeo que no se quería ensuciar la ropa, “pero pelotudo tirate”, y yo me empecé a sacar la ropa, pero de repente ví un cartel que decía, porque yo no sabía mucho de castellano, algo así como pe-ligro no arro-jarse, zona-de-pirañas o algo así. Yo empecé “che, Luca, pirañas, peligro…”, y me gritaba “¿qué boludo?, dale, callate”. Finalmente salió Germán (Daffunchio) y empezó a gritar desaforado y todos salieron cagando, nunca lo vi a Daffunchio correr tan rápido. Era un cartel que decía que no había que cruzar con las vacas porque estaba lleno de pirañas, y para mí como europeo la piraña era un mito, era como ver un canguro en el centro de Buenos Aires.

-¿Te gustó mucho Sumo, te hiciste fanático de la banda?
-No, fanático no porque es muy difícil ser fanático de tu hermano, pero lo que me pasaba a mi era que yo estaba en Europa y Luca me mandaba temas a mí antes de grabar, incluso versiones distintas y pedía mi opinión. Yo le decía “está re bueno pero dale un poco más de producción” y el me decía “vos sos un pelotudo…” (risas) Yo le comentaba que se escuchaba que estaban enchufando el bajo por allá atrás y me respondía “pero pelotudo eso está buenísimo”. Ahora todos lo hacen, pero antes, en los ´80 no, todo tenía que ser perfecto, y en ese sentido Sumo era una banda que estaba adelantada hasta en eso, el hecho de cautivar la realidad del momento del vivo y dejarlo suelto.

-Quizá fue eso lo que rompió el molde en Argentina, la innovación que trajo Sumo.
-Totalmente, porque había músicos buenos pero así prolijitos, y él (Luca) quería captar algo así como la onda de lo desprolijo pero a la vez lindo. Por lo que yo ví, Sumo era muy superior en vivo que cuando grababa, y ellos mismos quedaban siempre incómodos con lo grabado, pero es increíble que igualmente ponés un disco hoy y anima la fiesta. Yo conozco chilenos en Roma, gente de la embajada chilena, que arman una fiesta y ponen música chilena comiendo sanguchitos de caviar, ¡y de repente ponen Sumo! Se arma un quilombo increíble y dicen: “en Chile es así siempre, ponés Sumo y se arma la fiesta”.

-¿En que año volviste?
-En el ´87, hay toda una historia de que yo iba a venir a verlo y se murió un día antes. Fue una cosa muy fuerte, al final vine con mi madre, estuvimos acá para todo el post entierro y esas cosas. Volví un año después y me quedé tres meses en Córdoba con Timmy para comprender un poco que había pasado. Ahí me fui y decidí no volver más hasta que sucede lo del disco y se pusieron en marcha otras cosas, empecé a rebotar entre Italia y Argentina hasta que me instalé acá.

-Por el año ´88 estuviste en Córdoba con los chicos de la banda, ¿no?
-Sí, en ese periodo hasta había una idea de ver qué hacer con Sumo, una propuesta generalizada de seguir con Sumo si yo me copaba para cantar, pero algo me decía que no. Puedo aceptar que tengo gustos parecidos a los de Luca, incluso la voz, pero no podía atarme a eso que sería una jaula para mí.

-Además Luca era algo muy grosso acá…
-Claro, y después volví el año 1995 y canté mucho con Las Pelotas, hasta hicimos unos Obras…

-En River, cuando vinieron los Rolling Stones estuviste también.
-El último día, cantamos "Waiting for 1989 (No Tan distintos)", estuvo buenísimo, los chicos me incitaron a que cante, y en ese sentido Las Pelotas son copados, también Divididos, porque en Sumo era “lo hacemos si tenemos ganas, si no nos importa”, y eso casi nunca es así, vos sabés como es, todo era más organizado pero ellos lo hacían solo si tenían ganas, y ese día era “querés cantar, bueno dale, vamos”. Decidieron hacer "Heroine" y salieron a tocar, yo estaba en el camarín y de repente me agarró una sensación fea y dije “yo no quiero hacer Heroine, es un bajón”, o sea, cerrar el show así no daba, la heroína era una parte del final de la vida de mi hermano. Entonces se me ocurrió hacer algo más light, les comenté a los plomos, enseguida les dijeron a los de la banda y cambiaron el tema.

-Hubo un intento de reencuentro de Sumo en escenario en el año 1997, en Uruguay, vos estuviste también.
-Así fue, pero la verdad fue que después lo agarró MTV, quiso hacer el business, con las entradas, los viajes, y demás; y el elemento más sensible que tiene Arnedo ante todo este tipo de manipuleo apareció, se puso loco y dijo “yo no toco”. Ahí se armó la mala leche, reacciones de Daffunchio y los de Las Pelotas que dijeron que entonces tampoco querían tocar, y de un momento al otro se armó. Y los organizadores “dale, vamos Sumo. Uh, perdón, no es Sumo” (risas). Yo aparte estaba totalmente borracho, llegamos a Montevideo a un mercado y me tomé como ocho vinos. Después cuando tuve que salir a cantar no sabía lo que estaba diciendo, y algún periodista al otro día dijo algo así como “al borde del delirio Andrea Prodan casi caga la noche”, otro que quiso ser más bueno puso “el único que volvió a recrear la sensación de descontrol de Sumo fue el hermano del recordado líder”, esas frases que ponían, y yo no sabía lo que estaba pasando (risas). Cuando terminó el show, atrás del escenario hasta me peleé con el pobre Sokol, nos tiramos sillas y se armó un poco de mala onda. Al otro día nos abrazábamos, “eh, loco te quiero; yo también… andá a cagar” (risas). Ese fue el bodrio de Uruguay. Ojo, el asado estuvo bárbaro (carcajadas).

Andrea Prodan se dispone a comenzar el set acústico, y entre preparativos y reacomodamiento de lugares, continúa con su anecdotario:

-Acá se escucha en todo Martínez, puede ser que nos esté escuchando el papá de Mónica Stromp, que era novia de Luca. El papá es un señor que es director de Ford Argentina, y el tema famoso que dice “en Martínez vivo, me gusta el rugby, me gusta el rocanrol” (Cinco fantásticos), era dedicado al papá de Mónica que era un poco… garca. (le manda un mensaje en inglés al señor). Le caigo bien.

Suena la guitarra y comienza “This internacional”, una radiografía de la familia Prodan, y también de todos los argentinos, es una mezcla de idiomas explica Andrea.

-¿Qué música escuchás ahora?
-Yo escucho un poco como todos, lo que pasan en las radios lo escucho pero no es muy interesante, está el rock rollinga inglés medio poposo que volvió, y me parece un plagio muy obvio de cosas que ya existían antes. O sea, todo bien, no se puede seguir inventando, hay periodos en los que se procesa lo del pasado, hay muchas bandas que están haciendo eso. Pero yo escucho mucha música vieja, y para comer está bueno quizá poner música clásica.

-¿De Argentina te llama la atención algo?
-A mí me interesan algunas bandas que vi por casualidad y después quise saber más, como Doris, que sacaron ahora el segundo disco que se llama "Doyle, la opereta del gaucho drogado", todavía le falta algo de madurez pero es una buena banda. Hay cosas de Babasónicos también, yo puedo detestarlos, antes era como mi banda fetiche, pero tengo que admitir que hay cosas que están buenas, hacen un rock bien confeccionado, medio poposo, tienen un… bah, no sé. Yo tuve la suerte que cuando tenía 16 años estaba en Londres viendo a The Bubscocks, Magazine, The Clash, todas esas bandas, y vos estás frente a gente que la tiene muy clara. Pero me parece un buen periodo en Argentina, creo que es un país que tiene mucho rock, escucha mucho lo que viene de afuera, y con el tiempo creo que va a formar una música de rock interesante, tiene muchos recursos.

-O sea, mezclando cosas de afuera con genuinas, propias de acá.
-Bueno, yo lo que quise hacer con mi banda era traer la fórmula británica, un poco de rock pero con la onda argentina, sudamericana, que es más pasional; y Luca hizo lo mismo, se encontró con un chabón como Diego Arrendó que es un bajista que a nivel mundial en el rock es una bestia, pero no es muy prolijo, hay muchos tipos que son prolijos, pero este tiene una onda, una fuerza… Y todos, hasta Daffunchio, que pueden decir que es limitado, pero lo que estaba haciendo él en el ´82 con su guitarra era igual a lo que hacía The Edge (guitarrista de U2), y ni lo conocía porque nadie todavía conocía a U2, pero usaban los mismos acordes, cosas parecidas. Yo vi a U2 en 1981 en Inglaterra, eran cuatro pendejos con look pésimo que tocaron en la universidad donde yo estaba, me pareció una buena banda pero nunca me imaginé que iban a llegar a tanto, había otras bandas buenas también. Cuando vine acá a los seis meses le dije a Germán Daffunchio “che, flaco, ¿sabés que tocás igual a uno de una banda de Inglaterra que se llama U2?”, y a él le importó un carajo. Ahora cuando lo recordamos dice “claro, que te pensás, jejeje, soy el genio” (risas). Yo creo que Luca tuvo la suerte de tener toda la cultura y la onda que él traía, y juntarse acá con gente que tenía una energía enorme. Es así, Europa es un fosforito, y acá es la antorcha.

Andrea vuelve a hacer sonar la guitarra, nos habla de un jamaiquino famoso, y nos regala una bella versión de “Redemption Song” de Bob Marley, “pero la voy a tocar en castellano, para que escuchen la letra”. Maravilloso.

Como yapa, para despedirse, canta “Take a last train”; la nota termina, y una sensación de alegría y satisfacción invade el cuerpo de todos nosotros.

Nota: Pedro Guerrieri, Pablo López, Guido Prandini y Sergio Visciglia.

24 de noviembre de 2004

PARTYYYY

viernes, 11 de noviembre de 2011

ESTE SABADO - 22 Hs.
FIESTA AL BORDE
con
HOY SOMOS DUENDES
SILENCIO JARDIN
SENSA FILO


Club Premier
Campichuelo 472, Capital.
FIESTA TODA LA NOCHE!!!!


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Al Borde del Tiempo
Jueves 22 a 24
FM 93.9
http://www.albordedeltiempo.com.ar/


AL BORDE ROCK - FECHA 7

viernes, 7 de octubre de 2011

Todo el mundo a mover los pies

La fecha número siete del Al Borde Rock tenía la oferta más fiestera del festejo y así cumplieron Hoy Somos Duendes, La Chancha Muda y La Gran Maula.

Nuevo martes de rock en El Marquee, que comenzaba con la actuación de La Gran Maula, banda liderada por la voz de Matías Palmas, que presentó material de su disco “Del sueño a la realidad” en un set de casi una hora de duración.

A su término, La Chancha Muda subió a escena con su combo de rock, ska y fiesta, y adelantando lo que será su disco que debut que se está cocinando para salir a la luz en cualquier momento.

El final de la noche fue para Hoy Somos Duendes, quienes también hicieron mover las cachas con temas como “Señorín francés” de su placa debut. También hubo tiempo para temas más tranquilos pero no por eso menos placenteros como “Huaynito, del más acá”, y un cierre a todo trapo con los integrantes de todas las bandas cantando, bailando y saltando sin parar.

Una nueva jornada de martes que no defraudó, de la mano de tres grandes bandas que llegaron también a acompañarnos en nuestro festejo.

Fotos La Chancha Muda y Hoy Somos Duendes: LUCIANA BOZZARELLI
Foto La Gran Maula: DENISE CAMJAYI

Hoy Somos Duendes: http://www.hoysomosduendes.com.ar/
La Chancha Muda: http://www.lachanchamuda.blogspot.com/
La Gran Maula: http://www.lagranmaula.com.ar/

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