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3/7/05 Nota a Ricardo Tapia

jueves, 5 de enero de 2012

ENTREVISTA CON RICARDO TAPIA, CANTANTE DE LA MISSISSIPPI

“Si Fellini hubiera nacido en Argentina sería el panadero de la esquina”

El 3 de julio de 2005, entre empanadas y vino, y viaje de ida y vuelta a bordo de un Fiat 1500 el cual fue testigo de jugosas anécdotas, Ricardo Tapia llegó a los estudios de Radio Fénix con su guitarra y sus armónicas para charlar un rato con nosotros y deleitarnos también con un poco de música. En medio de una charla relajada, distendida, y por sobre todas las cosas muy agradable, nos habló de su vida musical, de la historia de La Mississippi, de Pappo, el Pity, y también tuvo tiempo para reflexionar sobre los productores y las discográficas de nuestro país. Pero por sobre todas las cosas, y para cerrar la nota, nos develó el secreto para mantener un grupo unido durante mucho tiempo.


-¿Sos de salir a tocar solamente con la guitarra y la armónica?
-Hace mucho que no lo hago. Antes de La Mississippi, hace muchos años atrás, cantaba y tocaba blues acústicos. Luego llegó La Mississippi, que fue un proyecto eléctrico que prosperó. Yo pensaba que los proyectos eléctricos no tenían futuro porque en los ´70 los guitarristas eran medio “divas”, como ahora los armoniquistas, y era muy difícil armar algo. Pero nos juntamos con Gustavo Ginoi, guitarrista de la banda, y nos propusimos armar un grupo que prospere, que dure más de dos meses al menos (risas), porque duraban unos días los grupos siempre.

-Tuvieron una banda que duró un día, ¿no?
-Sí, hubo una banda de veinticuatro horas.

-¿Tuvo nombre?
-No, no tuvo nombre, pero post mortem fue “La 24 horas Band” (risas). Igual no sé si duro tanto porque tocamos en un sucucho y cuando terminó el show se enojó el bajista porque en lugar de cobrar lo que ahora son dos pesos con cincuenta cobró dos, gran diferencia.

-No le alcanzó para el pancho y la coca.
-Claro, y nos enojamos todos con él, él se enojó con nosotros y se disolvió la banda. Además era el dueño de los equipos y nosotros no teníamos nada. Se llevó la pelota (risas). Después pasaron los años y con Gustavo decidimos crear un proyecto serio, que en principio era hacer un blues clásico. En la capital nos encontramos con Luis Robinson, que estaba aprendiendo a tocar la armónica, y que en ese momento vendía telas. Él venía a casa por las tardes, donde escuchábamos discos y aprendíamos escuchando y tambíen tocando, por supuesto. Fueron tiempos lindos.

-Al principio entonces hacían covers.
-Es que el proyecto era ese, una banda que hiciera clásicos de blues, que funcionó muy bien durante años, llevaba mucha gente, pero que generaba un techo artístico en nosotros, y con el tiempo nos fuimos aburriendo. Entonces dijimos “vamos a tocar nuestros temas”, que por cierto ya teníamos varios.

-¿Cuáles fueron los primeros?
-El primer tema que hicimos con Gustavo y Luis fue Buenos Aires Blues, y después llegó el disco Mbugie, que nos agarró un poco de improviso; lo hicimos con poca fe, con la fe de quien hace un primer disco, pero que terminó siendo disco de oro en una semana, una cosa muy rara, ¡treinta mil discos! Era muy extraño para nosotros que no habíamos vendido ni una cama de nuestra pieza. Después llegó Bagayo, el segundo disco, que fue disco de oro en un mes. Estos dos discos fueron una muy buena base, que nos ayudó a tener un gran público desde un principio, como así también nos ayudó a manejar otras cosas. Antes de Mbugie tocábamos en barcitos, y pasamos después a tocar en festivales, teatros, con una movida más grande.

-¿Fue ahí que cambiaron el nombre ustedes y le quitaron “Blues Band”?
-No sé si fue justamente ahí, creo que fue más adelante. Esa fue una cuestión de cuando fuimos a armar el disco nos parecía que había muchas letras.

-Ya Mississippi es largo…
-Claro, y además era bastante tendencioso decir blues, y encima después también band, iban a preguntar si tocábamos con banjo o algo así, y no era el hecho (risas). Queríamos salir un poco de la estructura de sólo blues, porque no nos criamos sólo a golpe de blues. Escuchamos rock and roll, y muchos otros estilos; yo cuando tocaba solo, hacía también temas de Víctor Jara.

-En tu crianza musical el blues era entonces un estilo más…
-Era el color más importante pero no el único.

-¿Te acordás del primer show de La Mississippi?
-Sí, fue en el Teatro Arlequines, en 1988 creo que fue, y tuvimos mucha suerte en nuestro primer show porque ganamos plata, arrancamos con el pie derecho.

-¿Venían ensayando hace mucho?
-Un año, e hicimos uno show con videos, pero con que vengan 50 personas estábamos satisfechos, y aparecieron 450. De ahí en más hicimos varios Arlequines y muchos shows más. Había muchos lugares para tocar en los ´80, como así también en los ´90, no era tan difícil todo, era más fácil: los gastos eran menores, se ganaba plata, había acceso a las bandas desconocidas, y no se pagaba para tocar.

-¿No había cupo para las entradas, obligación de vender cierta cantidad?
-No, ni a palos, te daban para vender entradas pero si no vendías todas no pasaba nada. Esto exceptuando los ratas que siempre circulan en el medio.

-Había entonces más confianza con las bandas.
-Es que las bandas llevan gente siempre, y además le dan prestigio al lugar, por ejemplo la cantidad de músicos que se formaron en el Bar Einstein: Sumo, Redondos. Esto es algo que se perdió, como así también se perdió la confianza mutua.

-¿Te parece también que influye la presencia de las compañías discográficas que evalúan mucho a las bandas nuevas, o las condenan para un futuro?
-Siempre las compañías piden cosas a las bandas nuevas, está en ellas aceptarlas o no. Me parece que hay que tener mucho cuidado con ellas, pero ahora el mercado discográfico está muy deprimido, e incluso las bandas ya llegan con su público, y el trabajo ahora de las discográficas es colgarse al éxito de esos pibes. Es al revés ahora, y quizá muchas veces por eso baja la calidad final de algunos productos.

-Es como que vuelven al movimiento del rock como un negocio.
-Claro, lo que pasa es que las compañías siempre se manejaron así. Lo interesante sería que también desarrollen la artística de mucha gente que anda por ahí dando vueltas, artistas nuevos.

-Ustedes sacaron un disco independiente, ¿no?
-Totalmente independiente uno, Palacio de Pulgas, pero nunca firmamos con una multinacional. Sí distribuimos con multinacionales pero no hemos hecho contratos con ellas. Nos gusta más manejar las cosas nosotros, tener nuestras oficinas, etc.

Primer intervalo de la nota, para que Ricardo Tapia comience a tocar su guitarra y a agregarle música a la entrevista. Suenan entonces en preciosa versión acústica “Boggie de la ruta 2” y “Blues del equipaje”.

Interviene Rubén, operador de Radio Fénix: -Cuando vino a tocar Paul Rodgers, ustedes tocaron como teloneros, y toda la gente pedía que volvieran…
-Fue una linda noche en Obras (año 1993, Blues Festival en el cual además participó, entre otros, Jeff Haley). La gente de Aligator ni se imaginaba la movida que había acá de blues, el presidente de Aligator miraba todo Obras, la gente que había y no entendía nada, estaba realmente sorprendido, parecía París en los ´60. Pero los productores argentinos como siempre durmieron la mona y no volvieron a traer a nadie más. Ellos siempre dicen que no se puede nada, pero si esa teoría fuera cierta yo estaría muerto sentado en una silla. Hace poco, hablando con un productor discográfico, él quería saber lo que estábamos haciendo ahora, pero me lo dijo de una forma que no le entendí: me dijo “traeme un demo”. Yo le respondí que no le tenía que llevar ningún demo, que él me había llamado a mí. Entonces le conté una historia en relación con el famoso demo: Una vez, una compañía llamó a Pappo y le pidió que le diera un demo, y Pappo les dijo “ningún demo, yo soy Pappo, ¿qué te pasa?” (risas). Se calentó tanto que cortó e hizo Pappo y Amigos, “se van todos al carajo y me hago un homenaje a mí mismo”.

-A David Lebón le pasó lo mismo también.
-Es que los que manejan las discográficas son unos mocosos que no saben nada. Si vos manejaras la discográficas entenderías porque sos un tipo que sabe de música, pero a un tipo como vos que sabe de música nunca lo van a poner en ese puesto, es como que está todo al revés. A raíz de esto, y volviendo a lo de Pappo, tengo entendido que el que le pidió el demo perdió su puesto (risas).

-Eso que decías que “está todo al revés”, eso pasa mucho ahora.
-Hay especializaciones en las cuales hay que estudiar, y en Argentina el chantisimo está a la orden del día, pero hay que saber que hacer: si vos vas a manejar la parte artística de una discográfica tenés que saber, tenés que conocer a todos los artistas, no podés dibujar porque quedás muy mal frente a todos. No les podés decir terribles guasadas a los artistas. En otras partes del mundo esto no pasa, las compañías atienden por igual a tipos que venden cien mil copias, como a los que venden cincuenta mil, y como a los que venden siete mil. Es el caso de Francia, ahí son muy respetuosos con los artistas, y los atienden bien a todos, cada uno tiene su lugar y su negocio.

-Acá ganan las modas…
-Acá hay de todo, si Fellini hubiera nacido en Argentina sería el almacenero de la esquina.

-Por ejemplo, acá está el auge de las bandas que surgen de concursos televisivos, ¿no fuiste a ningún casting vos? (risas)
-No, pero me llamaron de un programa para ir a hablar con los chicos… No fui, les pedí disculpas pero les dije “si yo tengo que hablar te rompo el negocio”.

-Hubieras ido a romperlo.
-Es que si te ponés a pensar, de movida ponerle a un artista sólo el nombre… Adrián, Pedro, Juan, Juan ¿qué? ¿Cuál es tu apellido? Es una cuestión de respeto, no ponerle el apellido a un artista es no ponerle un sello distintivo a esa persona, es psicoanalíticamente espantoso. Hay pibes que cantan bárbaro, tienen un talento increíble.

-Pero quedan marcados por haber pasado por ahí.
-Claro, pero si a esos pibes los agarra otro productor artístico que le proponga componer sus propios temas, elegir su repertorio, la cosa sería distinta.

-Recién tocaste dos temas relacionados con la ruta y los viajes, ¿están basados en experiencias personales de ustedes?
-Boggie de la ruta 2 es un tema que yo hice a los 18 años, lo pusimos en el primer disco porque cada uno ponía los suyos y yo elegí ese. En realidad yo estaba esperando a mi prima y la odiaba porque no venía, encima estaba debajo de la lluvia. Yo vivía en Florencio Varela, cerca de la ruta 2, y ella tenía que venir a buscarme, me dejaron ahí parado y no había ni un solo árbol, entonces jodiendo le hice la canción.

-¿Para escribir en qué te basás generalmente?
-Cuando uno escribe escucha a la gente. Tenés que escuchar a la gente las cosas que dice, a tus compañeros, lo que se dice en comisarías, bares, inodoros, todo vale, todo tiene una frase interesante.

-Narrador de historias de otros…
-Todo el que escribe es narrador de historias de otros, porque las historias no son de nadie, trascienden y pasan al oído de otros, y eso es fantástico.

-El encargado de escribir en el grupo generalmente sos vos, ¿no?
-Sí, pero no soy el dueño de las ideas. Lo que sucede es que a mí me gusta mucho escribir, también escribo muchos cuentos cortos, que no tienen mucho que ver con las letras de canciones, son más que nada policiales.

-¿Eso queda para vos o tenés pensado hacerlo público?
-Voy a tratar de editarlos este año, me gusta mucho esa narrativa, Aroldo Conti por ejemplo, pero después desapareció el género policial político argentino, y me gustaría mucho seguir ese camino. Es difícil escribir, hay que ser un buen lector también.

Segundo bloque musical en donde Ricardo se despacha con “San Cayetano”.

-¿Qué amistades tienen ustedes dentro del ámbito del rock?
-Amistades íntimas un par nomás, pero amistad de conocer con respecto a la profesión todos, hay gente que vemos desde hace mucho tiempo. Al pelado (Gustavo) Cordera por ejemplo, lo conozco desde que hacíamos recitales maratónicos en Cemento junto a la Bersuit, en los que nosotros tocábamos a las seis de la mañana esperando a que ellos terminen; tocaban muchas bandas y nosotros nos íbamos, comíamos una pizza, volvíamos, y todavía faltaban un montón, no entiendo como hacíamos para aguantar esas jornadas, hay que tener buenos pies para ser músico (risas). Por otro lado, con Pappo hemos girado por un montón de lugares, incluso por el exterior. Después al Pity (cantante de Intoxicados) lo conocíamos de chico, el venía a vernos tocar desde muy chiquito con todos los de Viejas Locas, a todos los shows, y Pity una vez me contó: “voy a hacer una banda que se va a llamar Viejas Locas”. Lo queremos mucho, es como un hermano menor, él nos ha llamado en situaciones donde estaba lejos o internado, y a los únicos que lo dejaban llamar era a nosotros. Es una gran persona, y un gran autor, siempre aparece en los shows nuestros y se va, porque el siempre va y viene, no está en muchos lugares seguido, nunca sé donde está pobre Pity, pero lo queremos mucho.

Ricardo toca “Call it stormy monday” a pedido de un oyente.

-¿Cómo se banca una banda después de estar tanto tiempo juntos?
-Y… yo te voy a contar, primero nos damos unas buenas patadas… (risas) No, son dieciocho años juntos, y la fórmula para tocar tantos años juntos es no meterse en la vida de los demás, porque si te metés en la familia del otro es un desastre, ya bastante familia es uno. Lo mejor de convivir con la banda es justamente que hablás de música, de lo que te gusta comer, es como un club personal. Pero la mejor forma de mantener ese club es respetando la vida del otro, y nunca hacer que las esposas sean amigas (más risas).

-Es una recomendación entonces para todos los que recién empiezan.
-Fundamental, el preservativo del trabajo es que las esposas no sean amigas.

Se empiezan a comer las empanadas, se descorcha el vino y, como no podía ser de otra manera, Ricardo canta “El detalle”.

Fin del programa y la entrevista. Para despedirnos, nada mejor que “Un poco más”.

La charla sigue entre más empanadas, gaseosa y vino, y la vuelta en el Fiat 1500 se convierte en un buzón de anécdotas de todo tipo, entre las cuales no podía faltar la figura de Diego Armando Maradona.

Nota: Pablo López, Guido Prandini y Sergio Visciglia.


3 de julio de 2005









Nuestra primera entrevista...

martes, 3 de enero de 2012

ENTREVISTA CON ANDREA PRODAN – 24/11/2004

“Luca era como una bomba atómica, llegaba y cambiaba todo”

Si uno mira la frente de Andrea Prodan, si lo escucha hablar, incluso si lo escucha cantar, no puede dejar de pensar en su hermano Luca, aquel que llegó en la década del ´80 y rompió con todo lo establecido en el rock nacional. Pero Andrea es algo más que “el hermano menor”. Actor, músico, autor, vinculado a todo lo que pueda llamarse arte, tiene muchas historias para contar, y todo el sentido del humor para que estas sean más ricas de lo que originalmente son. Un día después de tocar con parte de su nueva banda “Roma Pagana”, Andrea habla de su vida, sus proyectos, su experiencia como cantante lírico, su amor por la Argentina, de Divididos, Las Pelotas, y claro, también de Sumo. Siempre será encantador recordar a Luca.


-Años atrás sacaste “A viva voce” (disco grabado totalmente con la voz).
-Sí, en 1995 volví a Argentina para sacar este disco, es una historia extremadamente larga, pero te la hago corta: empecé a ver si podía grabar un disco haciendo todos los instrumentos con la voz, estaba en Bologna, Italia, y todos se recoparon, pero como son italianos de esta época, rápidamente surgió la pregunta “¿cuánta plata vamos a hacer con este disco?” Entonces yo pensé “acá la voy a pasar mal”, por lo que llamé a Timmy McKern, manager de Sumo y amigo de mi hermano, para que me tire onda acerca de qué tenía que hacer en estos casos, porque yo del rock no conocía a nadie en Italia. Él me dijo: “Es increíble, pero justo me llamás hoy que tengo las llaves del estudio de grabación que siempre quise tener con Luca en las sierras”, y me incitó a venir a grabar el disco acá. Al mes siguiente estaba en Argentina grabando, cuarenta y cuatro días bíblicos haciendo clin clin clin, guitarra, tu tu tu ru ru tu tu, bajo, chi chi pum, batería, de todo, trompeta, me terminé volviendo completamente loco pero estuvo buenísimo.

-Una especie de esquizofrenia te agarró.
-Sí, tuve una crisis esquizofrénica, pero valió la pena.

-Jodido para presentar en vivo el disco…
-Imposible, por eso tardé muchos años para descubrir como se hace, hasta que me dijeron “es fácil, agarrá cuatro flacos que tocan y armás una banda”, por lo que me armé una banda (risas).

-¿Siempre te la pasaste imitando sonidos con la voz?
-Sí, cuando estaba en el colegio tenía al profesor que decía “ahora basta”, en ingles: “shut up now, boys”, y venía el silencio porque si no te cagaban a palos, y ahí yo empezaba con los ruidos, prrrrrrrr. Siempre estuvo eso, mi sueño es hacer el disco blanco de los Beatles todo vocal, un día lo voy a hacer. Cuando hacía el servicio militar en Italia me mandaban arriba con un rifle, y tenía que estar horas esperando que vengan supuestos terroristas y yo tenía que estar esperando ahí, por lo que me cantaba todo el disco, hasta que un día dije “estoy enloqueciendo” (risas). Después de un año me cantaba todo el album Blanco con todos los instrumentos, por lo que dije, “tengo que hacer plata con esto” (más risas).

-¿Cómo empezó tu relación con la música?
-Bueno, me da un poco de vergüenza contarlo acá entre hombres, pero cuando yo tenía once años era el capo solista del coro más famoso de Inglaterra, tenía esa cosa rara en la voz (imita una voz aguda) y las viejas decían “miren a ese chico como canta”, y ese era yo. Grabé dos discos, por lo que en realidad A viva voce no es mi primer disco. Después un día pasó algo físico, las dos pelotitas cayeron y la voz ya no fue igual.

-¿Los tenés los discos?
-Sí, tengo uno y el otro lo tengo escondido, me da vergüenza, tiene una foto espantosa, pero el otro a veces lo muestro y todo, pero no lo escucho. Un día si quieren lo traigo, ponemos un tema y nos cagamos todos de risa.

-¿Pero seguiste con la música después?
-Después de esa cosa física, yo empecé a escuchar mucho, y tenía un hermano mayor que todos ustedes conocen, quién tenía una cultura musical enorme, llena de pasión.

-Trabajaba en una disquería, ¿no?
-Sí, en Londres, pero eso fue después. Pero en ese momento Luca era un chabón más hippie, con el pelo largo, fumaba muchísimo y escuchaba todo el tiempo música, y no hacía un carajo. Me pasaba entonces toda la música. Después sí, cuando empezó a trabajar en la disquería me pasaba discos de punk rock, que era lo que más me gustaba a mí, después se enganchó él también, y nunca habíamos pensado, ni él ni yo, que iba a terminar en Argentina, y fue increíble. Porque yo lo vi casi morir, estuvo en Londres una semana en coma, muy mal, y al año me estaba llamando de Argentina que había armado una banda, y nos decía a mi hermana y a mí que viniéramos, por lo que vinimos y fue realmente impresionante ver a esta banda, este bicho en vivo.

-Participaste en una gira vos…
-Eran tres fechas en el interior, en Federación, Entre Ríos, también en un lugar que se llama Chajarí, donde tocaron en un galpón, un aeropuerto, sacaron todos los aviones y tocaron ellos. Como siempre estaba el tonto del pueblo que se recopaba bailando, y los otros miraban nada más, no les gustaba Sumo. De repente Luca paró todo y dijo “el único que la tiene clara acá es él”, lo invitó a subir al escenario, y cuando el alcalde del pueblo vio que el tonto era el héroe de la noche se puso mal, entonces también se puso a bailar, y todos hicieron lo mismo, y terminó siendo un quilombo terrible. Yo vi eso y dije “típico de Luca”. Luca era como una bomba atómica, llegaba y cambiaba todo, Luca cambió el pueblo. Ya en café Einstein, verlo era más normal, porque iba gente que buscaba algo raro, pero lo bueno era verlo en lugares donde le gente lo último que había visto era Sergio Dennis, y esto era muy distinto, muy raro.

-¿En Federación fue donde se produjo el encuentro con las pirañas que nos contaste una vez?
-Sí, mucho calor, y todos dijeron de tirarse al río. Los chicos eran como pendejos muy niños, se sacaron todos la ropa y se metieron adentro. Y me decían “dale boludo”, porque yo era el europeo que no se quería ensuciar la ropa, “pero pelotudo tirate”, y yo me empecé a sacar la ropa, pero de repente ví un cartel que decía, porque yo no sabía mucho de castellano, algo así como pe-ligro no arro-jarse, zona-de-pirañas o algo así. Yo empecé “che, Luca, pirañas, peligro…”, y me gritaba “¿qué boludo?, dale, callate”. Finalmente salió Germán (Daffunchio) y empezó a gritar desaforado y todos salieron cagando, nunca lo vi a Daffunchio correr tan rápido. Era un cartel que decía que no había que cruzar con las vacas porque estaba lleno de pirañas, y para mí como europeo la piraña era un mito, era como ver un canguro en el centro de Buenos Aires.

-¿Te gustó mucho Sumo, te hiciste fanático de la banda?
-No, fanático no porque es muy difícil ser fanático de tu hermano, pero lo que me pasaba a mi era que yo estaba en Europa y Luca me mandaba temas a mí antes de grabar, incluso versiones distintas y pedía mi opinión. Yo le decía “está re bueno pero dale un poco más de producción” y el me decía “vos sos un pelotudo…” (risas) Yo le comentaba que se escuchaba que estaban enchufando el bajo por allá atrás y me respondía “pero pelotudo eso está buenísimo”. Ahora todos lo hacen, pero antes, en los ´80 no, todo tenía que ser perfecto, y en ese sentido Sumo era una banda que estaba adelantada hasta en eso, el hecho de cautivar la realidad del momento del vivo y dejarlo suelto.

-Quizá fue eso lo que rompió el molde en Argentina, la innovación que trajo Sumo.
-Totalmente, porque había músicos buenos pero así prolijitos, y él (Luca) quería captar algo así como la onda de lo desprolijo pero a la vez lindo. Por lo que yo ví, Sumo era muy superior en vivo que cuando grababa, y ellos mismos quedaban siempre incómodos con lo grabado, pero es increíble que igualmente ponés un disco hoy y anima la fiesta. Yo conozco chilenos en Roma, gente de la embajada chilena, que arman una fiesta y ponen música chilena comiendo sanguchitos de caviar, ¡y de repente ponen Sumo! Se arma un quilombo increíble y dicen: “en Chile es así siempre, ponés Sumo y se arma la fiesta”.

-¿En que año volviste?
-En el ´87, hay toda una historia de que yo iba a venir a verlo y se murió un día antes. Fue una cosa muy fuerte, al final vine con mi madre, estuvimos acá para todo el post entierro y esas cosas. Volví un año después y me quedé tres meses en Córdoba con Timmy para comprender un poco que había pasado. Ahí me fui y decidí no volver más hasta que sucede lo del disco y se pusieron en marcha otras cosas, empecé a rebotar entre Italia y Argentina hasta que me instalé acá.

-Por el año ´88 estuviste en Córdoba con los chicos de la banda, ¿no?
-Sí, en ese periodo hasta había una idea de ver qué hacer con Sumo, una propuesta generalizada de seguir con Sumo si yo me copaba para cantar, pero algo me decía que no. Puedo aceptar que tengo gustos parecidos a los de Luca, incluso la voz, pero no podía atarme a eso que sería una jaula para mí.

-Además Luca era algo muy grosso acá…
-Claro, y después volví el año 1995 y canté mucho con Las Pelotas, hasta hicimos unos Obras…

-En River, cuando vinieron los Rolling Stones estuviste también.
-El último día, cantamos "Waiting for 1989 (No Tan distintos)", estuvo buenísimo, los chicos me incitaron a que cante, y en ese sentido Las Pelotas son copados, también Divididos, porque en Sumo era “lo hacemos si tenemos ganas, si no nos importa”, y eso casi nunca es así, vos sabés como es, todo era más organizado pero ellos lo hacían solo si tenían ganas, y ese día era “querés cantar, bueno dale, vamos”. Decidieron hacer "Heroine" y salieron a tocar, yo estaba en el camarín y de repente me agarró una sensación fea y dije “yo no quiero hacer Heroine, es un bajón”, o sea, cerrar el show así no daba, la heroína era una parte del final de la vida de mi hermano. Entonces se me ocurrió hacer algo más light, les comenté a los plomos, enseguida les dijeron a los de la banda y cambiaron el tema.

-Hubo un intento de reencuentro de Sumo en escenario en el año 1997, en Uruguay, vos estuviste también.
-Así fue, pero la verdad fue que después lo agarró MTV, quiso hacer el business, con las entradas, los viajes, y demás; y el elemento más sensible que tiene Arnedo ante todo este tipo de manipuleo apareció, se puso loco y dijo “yo no toco”. Ahí se armó la mala leche, reacciones de Daffunchio y los de Las Pelotas que dijeron que entonces tampoco querían tocar, y de un momento al otro se armó. Y los organizadores “dale, vamos Sumo. Uh, perdón, no es Sumo” (risas). Yo aparte estaba totalmente borracho, llegamos a Montevideo a un mercado y me tomé como ocho vinos. Después cuando tuve que salir a cantar no sabía lo que estaba diciendo, y algún periodista al otro día dijo algo así como “al borde del delirio Andrea Prodan casi caga la noche”, otro que quiso ser más bueno puso “el único que volvió a recrear la sensación de descontrol de Sumo fue el hermano del recordado líder”, esas frases que ponían, y yo no sabía lo que estaba pasando (risas). Cuando terminó el show, atrás del escenario hasta me peleé con el pobre Sokol, nos tiramos sillas y se armó un poco de mala onda. Al otro día nos abrazábamos, “eh, loco te quiero; yo también… andá a cagar” (risas). Ese fue el bodrio de Uruguay. Ojo, el asado estuvo bárbaro (carcajadas).

Andrea Prodan se dispone a comenzar el set acústico, y entre preparativos y reacomodamiento de lugares, continúa con su anecdotario:

-Acá se escucha en todo Martínez, puede ser que nos esté escuchando el papá de Mónica Stromp, que era novia de Luca. El papá es un señor que es director de Ford Argentina, y el tema famoso que dice “en Martínez vivo, me gusta el rugby, me gusta el rocanrol” (Cinco fantásticos), era dedicado al papá de Mónica que era un poco… garca. (le manda un mensaje en inglés al señor). Le caigo bien.

Suena la guitarra y comienza “This internacional”, una radiografía de la familia Prodan, y también de todos los argentinos, es una mezcla de idiomas explica Andrea.

-¿Qué música escuchás ahora?
-Yo escucho un poco como todos, lo que pasan en las radios lo escucho pero no es muy interesante, está el rock rollinga inglés medio poposo que volvió, y me parece un plagio muy obvio de cosas que ya existían antes. O sea, todo bien, no se puede seguir inventando, hay periodos en los que se procesa lo del pasado, hay muchas bandas que están haciendo eso. Pero yo escucho mucha música vieja, y para comer está bueno quizá poner música clásica.

-¿De Argentina te llama la atención algo?
-A mí me interesan algunas bandas que vi por casualidad y después quise saber más, como Doris, que sacaron ahora el segundo disco que se llama "Doyle, la opereta del gaucho drogado", todavía le falta algo de madurez pero es una buena banda. Hay cosas de Babasónicos también, yo puedo detestarlos, antes era como mi banda fetiche, pero tengo que admitir que hay cosas que están buenas, hacen un rock bien confeccionado, medio poposo, tienen un… bah, no sé. Yo tuve la suerte que cuando tenía 16 años estaba en Londres viendo a The Bubscocks, Magazine, The Clash, todas esas bandas, y vos estás frente a gente que la tiene muy clara. Pero me parece un buen periodo en Argentina, creo que es un país que tiene mucho rock, escucha mucho lo que viene de afuera, y con el tiempo creo que va a formar una música de rock interesante, tiene muchos recursos.

-O sea, mezclando cosas de afuera con genuinas, propias de acá.
-Bueno, yo lo que quise hacer con mi banda era traer la fórmula británica, un poco de rock pero con la onda argentina, sudamericana, que es más pasional; y Luca hizo lo mismo, se encontró con un chabón como Diego Arrendó que es un bajista que a nivel mundial en el rock es una bestia, pero no es muy prolijo, hay muchos tipos que son prolijos, pero este tiene una onda, una fuerza… Y todos, hasta Daffunchio, que pueden decir que es limitado, pero lo que estaba haciendo él en el ´82 con su guitarra era igual a lo que hacía The Edge (guitarrista de U2), y ni lo conocía porque nadie todavía conocía a U2, pero usaban los mismos acordes, cosas parecidas. Yo vi a U2 en 1981 en Inglaterra, eran cuatro pendejos con look pésimo que tocaron en la universidad donde yo estaba, me pareció una buena banda pero nunca me imaginé que iban a llegar a tanto, había otras bandas buenas también. Cuando vine acá a los seis meses le dije a Germán Daffunchio “che, flaco, ¿sabés que tocás igual a uno de una banda de Inglaterra que se llama U2?”, y a él le importó un carajo. Ahora cuando lo recordamos dice “claro, que te pensás, jejeje, soy el genio” (risas). Yo creo que Luca tuvo la suerte de tener toda la cultura y la onda que él traía, y juntarse acá con gente que tenía una energía enorme. Es así, Europa es un fosforito, y acá es la antorcha.

Andrea vuelve a hacer sonar la guitarra, nos habla de un jamaiquino famoso, y nos regala una bella versión de “Redemption Song” de Bob Marley, “pero la voy a tocar en castellano, para que escuchen la letra”. Maravilloso.

Como yapa, para despedirse, canta “Take a last train”; la nota termina, y una sensación de alegría y satisfacción invade el cuerpo de todos nosotros.

Nota: Pedro Guerrieri, Pablo López, Guido Prandini y Sergio Visciglia.

24 de noviembre de 2004

Entrevista a Mariano Martínez, de Attaque 77

sábado, 13 de marzo de 2010

“Nuestro instinto muchas veces nos hizo sobrevivir”

Mariano Martínez nos visitó el jueves 10 de diciembre de 2009, en una extensa y muy divertida charla en el estudio de Radio Palermo que tuvo todo tipo de condimentos, y donde también nos acompañó Lucas Ninci, tecladista de esta nueva etapa de Attaque 77.

Mariano: -La verdad es que estamos en un momento increíble. Nos vimos muchas veces en situaciones donde no sabíamos que iba a pasar, pero nunca nos hicimos problema, como que seguimos por instinto muchas crisis que hemos pasado en más de veinte años de carrera. En esta reestructuración tuvimos una primera etapa de trío, que salimos con los tapones de punta a tocar una cosa más cruda, y que fue festejada por viejos fans que venían diciendo basta de tanto teclado, tanda pandereta. Como primera etapa estuvo bueno, y aprovechamos para empezar a grabar.

-Para nostálgicos, acompañado de viejas canciones que todos disfrutamos…
M: -Sí, ¿pero por qué esa cosa de mirar para atrás?

-Nos sentimos jóvenes de nuevo. Fuimos adolescentes otra vez.
M: -Pero háganme la gamba porque si no parece que el único viejo soy yo. Hay que ir regulando, cuando uno es joven es un desaforado. Y después de repente ¡pum!, se apaga la luz, y uno se tiene que peinar, casarse y cambiar de vida. ¿Por qué no se puede ir regulando toda la vida, encontrando un equilibrio entre vivir en una sociedad, un sistema, con ciertos ideales, e ir como en un bote tratando de equilibrar todo el tiempo? Yo no he podido, claro (risas).

-¿Y volver a esa crudeza entonces no era tal vez una necesidad?
M: -La crudeza no se va, en el día a día uno tiene momentos en que se siente triste, otros días estás esperanzado con ganas de cambiar algo, otro día uno está enamorado, y después no cree más en el amor. Nosotros reflejamos eso en el grupo porque es nuestro medio de expresión.

-O sea que influye el ánimo en los shows…
M: -En nosotros completamente. Hay artistas que tienen otro tipo de profesionalismo, y vos los ves tocando siempre igual como en un disco, y parece que nunca están enojados. Yo soy distinto, crecí viendo a Pappo, que hacía los shows según como estaba ese día. Me gustan los músicos que transmiten, que capaz tocan dos notas pero transmiten. Igual respeto al otro también, por ejemplo Cerati, que es un artista súper grosso. A mi me gustan las dos cosas, pero me parece que lo nuestro pasa más por el otro lado, de hecho estuvimos ensayando un montón el show del Luna Park para que saliera perfecto y después sale cualquier cosa, al revés de lo que planeamos. En un momento se nos rompió el equipo de guitarra y tuvimos que hacer diez minutos de un reggae que fue un accidente, y que yo tuve que cantar con el micrófono en la mano como Pity Álvarez. Y resultó que ese error terminó siendo la parte más elogiada del show. Y fue un accidente, había uno atrás mío que estaba electrocutado, casi se lo llevan en camilla porque se quedó pegado en el equipo. Y a mi eso me gusta.

-No que se quede pegado (risas).
M: -No, jeje, bueno, depende quien (más risas). Ese fue un buen debut para Lucas, porque tuvo que pelar todo con el teclado ya que quedaba después solo el bajo y la batería, y yo claro, con el micrófono en la mano como Pity.


-Hay un tema del disco nuevo que se llama “Tucho”, y tiene una letra muy particular…
M: -Tenía otra letra la canción, y justo vinieron unos chicos a hacer un documental sobre la grabación, y el director de fotografía es Tucho. El nos contó que su abuelo se garchó a la mujer de un jefe de la mafia italiana (la familia de él es de Italia), y parece que eso se pasa de generaciones; cuando pasás una edad la vendetta pasa a tu hijo o a tu nieto, quedás inmune por anciano. Y Tucho estuvo con su papá visitando la familia de chiquitito, y se lo cruzaron al tipo, que le dijo “ah, este es tu nene”, y le dio un beso.
Lucas: -¡El beso de la muerte!
M: -Entonces se la juraron a Tucho, y lo peor de todo es que ahora el abuelo anunció que se muere, que estas son las últimas fiestas que va a pasar, así que va toda la familia a pasar las fiestas con él, incluyéndolo a Tucho. Así que ahora va nomás en diciembre a enfrentarse.

-¿Cómo fue el proceso de pasar las viejas canciones al formato de trío?
M: -Hicimos una nueva lista, y sirvió para mirar para atrás y revisar lo que hicimos, algo que nunca habíamos hecho. Las cosas suceden con mucha velocidad, se me pasa un mes como si fuera una semana, no se si es un problema mío, o una cosa del rocanrol, o de la vida que hemos tenido y todos tenemos.
L: -Así está bien, el tema es si una semana se pasa como si fuera un mes.
M: -Bueno, eso fue en otra parte de mi vida (risas). Pero es raro, vos te metés a un estudio de grabación y el tiempo se detiene, por eso uno se divorcia, y ciertos problemas. Trato de no estar esclavizado dentro del estudio pero el tiempo pasa diferente porque te metés con un instrumento, y componés, y ya entrás en un mambo que pasó el día sin darte cuenta.

-La composición del disco también fue diferente a los anteriores…
M: -Todo el hecho de que se haya ido Ciro primero nos puso en la situación de tocar los tres.

-¿Eso fue instantáneo?
M: -La ida de Ciro es un proceso que llevó años, no fue de un día para otro. Hace tres años me dijo que no quería tocar más y yo le decía quedate, pero de todas formas le decía que nosotros íbamos a seguir, ¿qué vamos a hacer si no? Dentro de todo hemos tenido buena comunicación, dentro de lo que se puede hemos sido bastante honestos y adultos entre nosotros, y por eso se quedó unos años más hasta que un día dijo me voy. Eso generó lo de ver lo viejo, ver que estaba bueno, o lo que estaba más o menos, qué podemos mejorar, y probar cosas nuevas. A nosotros nos hizo muy bien y nos renovó la vida, es como tener un grupo nuevo. Estábamos muy acostumbrado a que cada uno componga en su casa, después llega y dice “esta es mi canción, empieza acá, termina acá y no me toquen este arreglo”. Entonces probamos cosas nuevas: juntarnos en el estudio y tocar lo que salga. Lo que me gusta pensar a mi es que muchos discos de los que más me gustan en la historia se hicieron así, entrando a la sala sin pensar. Ahora tenemos estudio propio y la libertad de grabar así, y si no tenemos ganas nos vamos al río, o Leandro al casino (risas).

-Cada uno con su berretín.
M: -Claro, yo me siento súper bien, ¿qué más puedo pedir? Hemos logrado eso, tener nuestro espacio que es una especie de centro cultural, podés llegar a cualquier hora y ver por ejemplo a Lucas en un rincón tocando la melódica.

-En el rincón mirando la pared.
M: -A mi me pasó una cosa buenísima que fue ensayar en el estudio TNT antes que se desarmara y estaba Moris. Como que quedo ahí, grabó sus discos y todavía esta ahí con una botella de vino escribiendo, y yo lo veía y era un prócer del rock nacional, y como que esta todavía en esa época escribiendo y pensando, y el estudio ya se estaba desarmando (risas). Me gustaría saber cómo fue el momento en que le dijeron “che, ya terminó”, pero duró treinta años.

-Desde ese día no supiste más de Moris…
M: -No se donde estará, pero ¿por qué le sacaron ese lugar a Moris? Pero esa es la magia del estudio, pasan cosas, y es una buena vida. Yo hace muy poco tiempo entendí que ese era mi trabajo, porque me habían dicho tanto andá a laburar, qué vas a hacer, de qué vas a laburar…


-Me imagino que esto te pasó de más joven nomás.
M: -No, desde mamá, papá, pasando por todos los vecinos del barrio, todas las mujeres que me casé, a veces mis hijos, hasta mis propios compañeros (risas). Pero bueno, estar tirado con la viola, así en una especie de trance, finalmente era un trabajo. Yo trabajo de eso, ¿qué le vamos a hacer? Lo acepté hace muy, muy poco, años de terapia, de dejar la vida licenciosa y otras cosas. Siempre fue remar contra la corriente porque nuestra generación es jodida: justo me tocó empezar la secundaria en el paso de los milicos a la democracia, que no era un gran cambio porque la presencia militar y policial cuando yo era adolescente y tenia los pelos parados era igual, y entonces me la pasé muchas veces en cana o boludeado en el colegio y en todos lados. Supongo que somos una especie de generación que trató de salir de los complejos, y por eso nos hemos juntado en su momento en determinados lugares, determinadas situaciones y con determinadas compañías (risas). Nos ha costado, cada uno lo supera como puede, pero por lo menos yo me siento en el momento más cuerdo y entero de mi vida, díganme por favor si me ven de una manera diferente. Si me ven con la botella de vino, escribiendo durante treinta años, avísenme (risas).

-Les pasó a ustedes, como a muchos grupos de los ochenta, como Los Cadillacs o Los Pericos, el hecho de tener éxito repentino, después volver al under y explotar una vez más luego de varios años.
M: -Sí, fue raro y éramos muy chicos, mucha exposición, nos puso en una situación que entorpeció un poco el crecimiento musical porque estábamos en una situación acomplejante, como diciendo: estos quieren que hagamos todos temas como “Hacelo por mí”, ¿tenemos que hacer todo así? Finalmente como que teníamos una rebeldía que nos ponía enfrente de esa fórmula, y hemos visto muchos grupos morir al tratar de hacer de vuelta su éxito, pero por suerte un poco ese instinto nos hizo sobrevivir.

-Ustedes mismos hasta se cansaron de “Hacelo por mí” en un momento.
M: -Sí, pero eso fue una boludez de adolescente, de renegar, después se repitió con “Arrancacorazones” pero ya nos agarró más maduros, yo lo banco. Uno defiende lo que hace, y después la sociedad, el consumo y la industria del espectáculo son como una especie de máquina de picar carne. Pero, ¿por qué ese conflicto cuando te pasan un tema, y el hecho de que se vendieron y todo eso? Porque uno siempre está mirando la tele, escuchando la radio, leyendo el diario. Siempre te están diciendo lo que tenés que escuchar, la ropa que te tenés que poner, a dónde ir; hay que tener identidad propia. La música la tenés que elegir vos, está lleno, no solo lo que te vienen a traer en bandeja. Yo soy de otra generación donde la música había que ir a buscarla. Hay que ser inquieto, no solo ver lo que pasa en la tele, y la gente te pregunta: “¿que pasó, se separaron que no están más en la tele?, no están en lo de Tinelli, y ¿Hacelo por mi el de Pergolini lo hicieron por ustedes?” (risas). Se piensan que te moriste, pero pasan muchas cosas. Es muy fácil estar con el control remoto diciendo “este es un hijo de puta, este es un pelotudo, este se va a cagar”. Nosotros tratamos de hacer algo al menos, en nuestro caso con la música.

Nota: Pablo López y Sergio Visciglia.
Jueves 10 de diciembre de 2009.

Entrevista a Germán Daffunchio de Las Pelotas

lunes, 24 de agosto de 2009

"Nosotros nunca buscamos el éxito"

Charlamos con Germán Daffunchio, cantante y guitarrista de Las Pelotas, y acá podés leer la nota, en la que habla de "Despierta", flamante disco de la banda, pero también de los anteriores trabajos discográficos, la relación con la prensa, y la reunion de Sumo hace dos años, entre otras cosas.

-Viendo el nombre del disco, la tapa, y la letra de muchas canciones, se puede pensar que se apunta a una especie de renacer de la banda, de empezar de cero, ¿es así?

-Hay algo de lo que vos decís que es real, no sé si volver de cero sino reinventarse, renacer. Todos los discos de Las Pelotas los encaramos con la misma intensidad, pero en este realmente han salido cosas muy buenas, todos estamos muy felices.

-¿Cuándo empezaron a cranear el disco?

-Normalmente lo que se cranea es cómo lo hacés, pero la otra cosa no es del cráneo, es del espíritu. Hay miles de formas distintas de componer, a veces dejo que trabaje el inconsciente y otras veces analizo mucho, soy muy analítico porque las canciones no son algo que va dirigido solo para mí, también va dirigido a la gente. Es como poder tratar de enfocar lo mejor posible lo que querés decir o a donde lo pensés llevar. Yo trabajo mucho en eso la verdad.

-¿Siempre fue igual o te fuiste volviendo más analítico con el tiempo?

-Lo que pasa es que en los principios sos menos conciente de los efectos. Hacés un tema como “Chupa-chupa” (Amor Seco, 1995), estás chocho de hacerlo, pero no lo van a pasar en ningún puto lugar (risas). Igual estoy orgulloso del tema.

-En los discos siempre hay alguna que otra letra con un toque divertido, de ironía, en este último se ve que este tipo de canciones se han dejado un poco de lado…

-No salió, no fue lo que sentimos. La acidez forma parte de nuestra vida todo el tiempo, es una especie de antídoto ante lo que ves, pero en este disco no salió. Es un disco que suena mucho más emocional, había muchas emociones metidas adentro que no tenían que ver con lo alegre.

-Hablando con Sebastián Schachtel (tecladista), nos decía que antes la grabación de los discos era como más improvisada, y ahora se trabaja mucho más…

-Cada disco fueron situaciones muy distintas. En el primer disco tuve que salir a buscar a un amigo que me prestara para grabar.

-¿Se la devolviste?

-Sí, se la devolví toda… Toda, toda (risas). “Amor seco” lo empezamos a grabar en Córdoba en el living de una casa con un grabador de una pulgada, una mesa y ningún efecto ni tres porongas. “Para que” (1998) lo empezamos a grabar armando el estudio a medias. Siempre nos adaptamos a las condiciones técnicas que teníamos, y eso no evitó que grabáramos discos. Tuvimos situaciones más caóticas que otras, hubo discos en que Gustavo, Gabriela y Sebastián no vivían en Córdoba, y entonces venían y tiraban cosas, y después me quedaba yo solo y decía “ahora por donde mierda sigo” (risas).

-Yo siempre leí que con Sumo eras un enamoradizo de la primera etapa, ¿te pasa algo parecido con Las Pelotas de extrañar esas cosas caóticas?

-No, yo creo que nosotros somos sobrevivientes. Y eso es haber campeado todos los temporales, los buenos y malos momentos, y seguir luchando. Hay una cosa que es la inocencia, cuando empezás a hacer algo que te estás metiendo en un mundo que vos crees que conocés, y otra cosa después es sobrevivir en el mundo real, a lo que te enfrentás. Cada cosa tiene su recuerdo glorioso.

-Vos entras en la música de forma un tanto casual, ¿no?

-Sí, pero yo cuando estaba en primer grado era director de la banda rítmica de la escuela. Lo que pasa es que cuando sos niño los padres no ven tus virtudes. Es cierto que entré de una forma fortuita, pero cuando navegaba me iba con mi guitarra y mi grabador, y hacía mis temas. Ahora lo recuerdo y me río.

-¿Ninguno que valga la pena?

-No te creas, eh (risas). Pero fue fortuito porque nunca estuvo dentro de mí el ser una estrella de rock, y sigo sin creerlo. Fue una forma fortuita pero también fue una de las mejores cosas que me pasó en la vida, porque valió y vale la pena. No por nada de lo que la gente se imagina, por la cantidad de drogas que consumiste o las minas que te cogiste y todo eso del rocanrol. Vale la pena por los grandes momentos, los recuerdos, por la paz que te da ser consecuente a través de los años. En este ambiente y en todos, el éxito es algo muy relativo, pero nosotros nunca buscamos el éxito, sino que buscamos ir a lo más profundo de nuestro corazón. De ahí que un montón de veces hemos sido un fracaso total (risas).

-¿Y vos pensás que “Esperando el milagro” (2003) tenía algo que los otros discos no para lograr ese éxito del que hablamos?

-La historia dice que “Esperando el milagro” fue casi como el nombre lo dice. Fue un disco en el cual habíamos llegado en una situación muy compleja. Tratamos de organizarnos lo más que pudimos y esperamos el milagro.

-Ustedes siempre hablan del ambiente del rock, de esa parte oscura del negocio. ¿Cómo hacen para mantenerse alejados, estando incluso adentro?

-Lo que vos llamás el negocio oscuro es todo, el dinero es oscuro, en todos los aspectos. El arquitecto que pichulea cien mil dólares y pone tornillos más chiquitos también tiene lo suyo. Para mí hay que diferenciar: cuando vos transás, y transás casi tu propia vida. Un ejemplo: empezás a trabajar en la autopista, sin desmerecer a nadie que trabaje en la autopista, por seiscientos pesos, agachás la cabeza, y estás transando, vos no querés ser eso. Y con respecto a la música, nosotros nunca transamos lo que somos, nunca cambiamos el discurso para vender más discos, sabiendo como es el medio. Por eso hace tanto que estamos y por eso tampoco fuimos un éxito (risas).

-Bueno, ahora más o menos…

-No, no, bueno puede ser, pero esto es a consecuencia de otra cosa. Nosotros desde la época que tocábamos con Luca, él siempre decía que todos los grupos que fueron grandes hicieron su público tocando. Esa es una teoría que es real. Vos agarrás un grupo cualquiera que tiene un tema exitoso, lo pasan en la radio y todo, pero cuando se acaba el boom esos tipos no están más. Creo que siempre hemos trabajado para hacer lo que hacemos lo mejor que podemos, después todo lo demás es consecuencia de la suerte, que estuviste justo parado en ese lugar y cayó el rayo ahí y tuviste superpoderes, que se yo (risas).

-Les ha pasado a ustedes desde siempre, tener a la prensa especializada que busca cosas más extra musicales que las relacionadas específicamente con la música…

-Siempre pasó, cuando apareció la “aplanadora del rock” nosotros éramos el rulemán de carrito (risas). Siempre pasó, pero yo sé lo que es la prensa.

-Lo que pasa es que muchas veces, por más que seguramente a vos no te importe lo que se diga, eso también le llega al público que te sigue.

-Entonces yo le diría a ese público que se hace mala sangre, que no se la haga. Hay una frase que me dijo una vez Sebastián (Schachtel) que es muy buena: “Los periodistas no son seres humanos, son periodistas”. Depende de lo que vos te nutras en la vida, si te nutrís de la revista Caras, Gente y toda esa cosa, bueno. Yo me nutro de otras cosas, no leo una puta revista, casi ni veo la televisión salvo un partido de algo que me divierte. Hay muchos periodistas que les he contestado con canciones, la más famosa es la que dice “rascando espaldas lograras escalar” (“Viejas rameras” de Todo por un polvo, 1999). Esa fue a un periodistas que si lo hubiese encontrado le rompía la cara a piñas.

-¿Conocido el periodista?

-Ni se como se llama. Eso fue hace unos años atrás cuando era más vehemente. Bajo qué punto vos me estas juzgando es la pregunta. ¿Cuáles son tus parámetros, que anteojos tenés para ver, qué es lo que estas viendo? Pueden decir que el disco suena como el orto… pero sabés lo que me costó hacerlo. Es cierto, suena como el orto, pero yo quería hacer música y sabés todo lo que me costó, la cantidad de días que mis compañeros estuvieron sin ver a sus hijos, a su mujer. ¿Eso a quien carajo le importa? A nadie.

-Cuando se juntaron en Mendoza y luego en River, muchos se ilusionaron de que se de una vuelta de Sumo, ¿realmente pudo pasar eso?

-Eso va a quedar en la fantasía de todo el mundo. Son dos cosas: una, esta claro que Sumo para todos los que estuvimos adentro es algo que tiene mucho respeto, lo respetamos demasiado. Después está claro también que al haber seguido cada músico su carrera, no nos agarramos de aquello, no era juntarse como Los Gatos para hacer los éxitos de los años ´80, cada uno tiene sus discos y su historia. Qué quiero decir con eso, que a mi no me da nada de vergüenza cantar un tema de Luca, al contrario, me parece un honor. Eso te estoy diciendo desde mi lado personal, después lo que pasó con lo demás habría que preguntarle a Natalia Oreiro (risas).

Nota: Pablo López y Sergio Visciglia.

Gracias a Patricio, del staff de Las Pelotas.

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Entrevista a Karamelo Santo

domingo, 5 de abril de 2009

Fragmento de la entrevista realizada el pasado jueves 19 de marzo de 2008 a GODY y GOY de KARAMELO SANTO...

“La industria discográfica se muere”

Gody y Goy, dos de los cantantes de Karamelo Santo, estuvieron con nosotros en el marco del programa “Al Borde del Tiempo” en una divertida charla que arrancó con los innumerables viajes que hizo la banda, pasó por experiencias boxísticas, para cerrar discutiendo las siempre tensas relaciones entre los músicos y las discográficas, asegurando que las puertas de Europa se abrieron gracias a Internet sin el apoyo de ningún sello.

-No paran de viajar, ¿como hacen para seguir bancándose entre ustedes?
Gody: -Siempre primamos divertirnos, y lo logramos, estamos muchas horas juntos. Llega un momento en que ya deliramos demasiado y no hace falta ni alcohol, ni drogas, ni nada (risas).

-Y muchas giras por Europa…
Gody: -Si, en junio vamos a hacer la octava gira.

-¿Qué diferencias encuentran entre girar por Europa y Argentina? Aparte de la distancia, claro.
Gody: -La verdad es que cada lugar tiene su perlita y su desafío. Nos tocó ir a Croacia donde no entendíamos nada, y tuvimos una comunicación muy linda en un festival punk. Y nosotros entramos por nuestro lado punk y les metimos cumbia, cumbia y más cumbia, y se coparon. Acá en Provincia de Buenos Aires también nos tocó que la gente estaba mirándote como muerta hasta la mitad del show.

-¿Hay algún lugar que les quede como cuenta pendiente?
Gody: -Inglaterra, nos encantaría ir y cruzar por la calle de los Beatles y hacer la foto (risas).
Goy: -Es complicado porque es un país raro, y además siempre estamos en giras rápidas y para ir a Inglaterra hay que viajar tres días, y entonces perdemos tiempo, ya que tocamos todos los días.

-Hablaban recién de haber tocado en un festival punk, la diversidad de ritmos que tienen facilita a que los inviten a distintos festivales de género…
Gody: -Sí, y generalmente por el contrario a lo que se supondría que nos terminen tirando zapatazos o botellazos, siempre terminamos siendo una especie de respiro en los festivales temáticos. Y nosotros nos empecinamos en eso, si nos meten en uno punk, hacemos dos punks y todo el resto estilos distintos; si es en uno de cumbia, dos cumbias y después todo lo demás.

-Igual últimamente ya hay mucha más aceptación de los distintos estilos, y mucha más diversidad no solo en las bandas sino también en el oído del publico.
Gody: -Por suerte. Yo creo que también depende de los músicos, y de que empiece a haber camaradería entre las bandas, que se mezclen entre ellos. Yo veo mucho eso en Brasil, donde Caetano Veloso de repente graba con una banda de hip hop, y eso hace que se abra también la cabeza de la gente.
Goy: -Nosotros venimos haciendo en vivo un formato muy a lo que se hace en Europa, mezclar un dj, un sound system con la banda donde hay tres cantantes. Hay hip hop, freey style, dance hall, reggae, rock, distintos estilos para tratar de divertirnos y que no se aburra la gente.

-¿Como se arregla esa mezcla de estilos? Cada uno debe tener sus preferencias…
Gody: -A las piñas (risas).

-Ahí gana Gody seguro…
Goy: -Sí, pero hay bastante aguante eh...
Gody: -Algunos pequeños pegan fuerte. El que más pega es el baterista, manos de martillo. Ha habido box profesional, con guantes, protectores, y algún noqueado.
Goy: -Hay varias anécdotas, hemos terminado a las piñas, problemas internacionales. En San Francisco estuvimos tocando con Kapanga y al lado del camarín había un ring, así que hicimos una pelea donde Maffia y el Mono (baterista y cantante de Kapanga respectivamente) eran los jueces. Y terminó mal la cosa.

-¿Está filmado eso?
Gody: -¡Sí, claro!
Goy: -Todos empezamos cagándonos de risa, pero viste, cuando a uno lo rozan la cosa se pone seria. Era pelea todos contra todos y los que terminamos más peleados fuimos nosotros, no los de Kapanga.

-¿Y quién perdió?
Gody: -El tecladista de Karamelo fue el único noqueado, embocado por el baterista (risas).

-Ahora vemos por qué viajan tanto, la pasan extremadamente bien.
Goy: -Es la idea, la música siempre fue una anécdota para todo eso. Podríamos habernos quedado en Mendoza y listo, pero para nosotros también es muy importante conocer gente y recorrer. Obviamente al principio también las ganas de la fama están, uno quiere conquistar a su vecina, a su compañera, pero después a uno le gusta la música y quiere conocer.
Gody: -Después cuando uno se casa empieza a girar (risas).
Goy: -Nosotros tuvimos el honor de tocar en lugares mágicos, lugares que siempre queríamos conocer.

-¿Esa búsqueda de la que hablabas surge como puntapié inicial para ir de Mendoza a Buenos Aires?
Goy: -Y, es que ya no nos querían más (risas). Es que estábamos todo el día al pedo, haciendo canciones. Todo bien con la guitarrita pero ya nos decían “flaco, a ver si van a hacer desastres allá” (más risas). Hablando en serio, era como que todos estaban de acuerdo que había canciones que se podían hacer en muchos lugares. Y llegamos a Buenos Aires y tuvimos la suerte de encontrar mucha gente linda y que nos ayudó. Buenos Aires es tan importante como Mendoza, y hoy dejar esta ciudad es muy difícil. Si algún día nos vamos va a ser tan duro como cuando nos fuimos de Mendoza.

-Y llegaron y se instalaron todos en La Boca…
Goy: -Es que había que abaratar todo. Era un momento donde la plata todavía estaba inmersa en la mentira de la convertibilidad, podíamos juntar mil pesos que eran mil dólares y alquilar una casa. Después cambió todo y hubo que ponerse las pilas, y estaba el tema de la eterna lucha de los sellos, de monopolizar artistas, y su plata. Nosotros al final no crecíamos nunca así que decidimos tener un camino independiente donde vendíamos el disco mano en mano y sabíamos que esa plata iba a nuestro estomago o a los de nuestros hijos. Pero hoy en día los sellos no ganan tanta plata porque no venden tantos discos, y entonces están tratando de inventar nuevas formas de monopolizar el negocio. Nosotros de eso sabemos mucho porque teníamos un sello y a veces luchábamos para lograr la difusión y decíamos “nosotros nos vamos a ir a Europa y capaz algún día nuestras canciones generen regalías allá”. Y nos decían “see, claro, claro, bueno, see”, no nos daban bola.

-Pero sucedió…
Goy: -Claro, y ahora aparecieron todos. De repente artistas alemanes empezaron a hacer temas nuestros y ahora todos creían en Karamelo Santo. En Facebook son todos amigos míos, los dirigentes de CAPIF, de Sony, de EMI, todos amigos míos (risas).

-Te agregaron todos…
Goy: -Sí, de todos modos la industria discográfica se muere. Nosotros defendimos siempre Internet porque gracias a ella tuvimos la posibilidad de tocar en cualquier ciudad que se te ocurra de Europa. Fue por la magia de Internet, a mi no me llevó ningún sello. Fue así, armamos cadenas de mails, nos hicimos amigos de gente que les gustó las canciones, y a partir de ahí tuvimos contactos más fuertes y nos fuimos para allá, no fue más que eso. Nosotros la primera gira fuimos con mochila y ahora este año hicimos gira con el grupo Faith No More, y nadie lo podía creer. Y nosotros felices, lo hacemos porque sabemos que hay un montón de gente que tiene sueños. Pero ese tipo que está sentado comiendo sushi en un gran festival y viéndolo por un plasma no sabe lo que les pasa a los músicos. Nosotros somos los que subimos al avión y estamos trece horas con miedo a que se caiga por las Islas Canarias.

-¿Hay alguno con más cagazo del habitual?
Gody: -Estamos todos cagados.
Goy: -Hay veces que el avión se pega una bajada de treinta metros y terminamos con el estomago ahí arriba. Nosotros vamos a seguir viajando porque nos gusta pero todo eso nadie lo sabe. No nos creemos héroes de nada, pero si la gente nos quiere y nos va a ver, ¿por qué el tipo que se encarga de darle difusión a una banda nunca nos vino a buscar? A mí nunca me pasó, el único que me golpeó la puerta fue Manu Chao, increíble, y no es un productor artístico, sólo fue porque escuchó un disco y quería conocernos. Nosotros sabemos quienes somos, a veces pasa que nos ponemos un poco escépticos, pero nosotros seguimos con nuestra guitarra. Esa es nuestra vida, no es que estamos con drogas, rodeados de gatos…
Gody: -Tampoco estaría mal (risas).
Goy: -Claro, pero es una irrealidad…
Gody: -Eso es de Aerosmith para arriba.
Goy: -Nosotros tenemos distintos códigos en esas cosas, pero sabemos que lo mejor es estar guitarreando, con la guitarra en los asados, en donde sea, todo el día. Y eso es lo que nos gusta, y eso es lo que hacemos.


Nota: Pablo López y Sergio Visciglia.

Entrevista a EL CUARTETO DE NOS

martes, 26 de agosto de 2008

SECCION: ENTREVISTAS

El pasado jueves 14 de agosto estuvimos charlando vía telefónica con Roberto Musso, cantante del grupo uruguayo "El Cuarteto de Nos", banda histórica del otro lado del charo, y que cada vez convoca más gente en nuestro país, con canciones totalmente recomendables para quienes aun no la conocen. Acá la entrevista:

AL BORDE: -Escuchamos la canción “El día que Artigas se emborrachó”, que cuando salió tuvo ciertos conflictos en Uruguay…

ROBERTO MUSSO: -Jeje, ya entramos con la patada en la nuca (risas). Es un tema del año 1996, Artigas fue el prócer oriental, y la idea como compositor de la canción fue desmitificar las enseñanzas acerca de los militares, ya que nosotros que nos educamos en la dictadura, que quedaron enraizadas en la historia nacional. Para hacer un paralelismo, es como si alguien en Argentina hace un tema con “el día que se San Martín se emborrachó”. Un poco es contar la gesta del general pero con unas copas de más encima. Y bue, se enojó todo el mundo, el poder político quiso prohibir la canción, censurarnos.

AB: -Y terminó resultando todo al revés.

RM: -Claro, la censura hace que la gente que nunca se enteró de que existía esa canción, tenga curiosidad por saber qué es lo que no puede escuchar. Genera ese efecto contrario. Y nosotros en esa época ya estábamos establecidos desde hacía tiempo, con un disco muy vendido en el año 1994, y la gente que nos conocía sabía de que se trataba El Cuarteto de Nos, y tomaba ese tema como uno más de la banda. Y lo bueno es que aun ahora sigue siendo fuerte, y formando parte del repertorio en vivo.

AB: -¿Cuántos discos tiene la banda?

RM: -Contando los que salieron solamente en casette a fines de los ´80, y los anteriores a esos que salieron en vinilo, son como diez.

AB: -Veinticinco años ya de carrera, siempre lo remarcás al final de los shows…

RM: -Se volvió ya como una especie de slogan. Lo que pasa que con “Raro” fuimos descubiertos por toda una cantidad de gente que pensaba que éramos un grupo nuevo, lo que esta buenísimo porque nos da la pauta de que podemos seguir tocando. Entonces nos gustó remarcar, e incluso darnos cuenta de que hace muchos años que venimos tocando los mismos cuatro, siempre juntos. Estamos tocando desde que teníamos catorce años.

AB: -¿Cómo fue su relación con Argentina antes de “Raro”?

RM: -La veníamos peleando de a poquito, allá por el ´94, ´95 empezamos a venir al under total. La primera vez vinimos al teatro Rojas, después tocamos varias veces en el San Martín, y también mucho en el sótano de Unione e Benevolenza. Hasta el año 2000 veníamos siempre ahí, y crecía la gente muy de a poco, doscientas, trescientas personas. Pero ya el año pasado tocamos en La Trastienda y vimos que había mil. Antes había una base hecha, pero con gente que nos conocía así medio de culto.

AB: -Pasa mucho lo del cruce de generaciones en sus shows…

RM: -Acá en Uruguay es terrible. Hace poco hicimos un ciclo en un cine grande, con la idea de que sea familiar. Y estaban los de cuarenta y pico, los jóvenes, y los pre adolescentes. Está bueno, porque generalmente a los hijos no les cae bien que a sus padres les guste el mismo grupo. Y por el contrario, en Argentina, o en México y España, somos un grupo de veteranos, pero nuevos.

AB: -¿Cómo surge en los comienzos la idea de crear un estilo de letras tan particulares?

RM: -Fue raro el trayecto. Cuando empezamos a tocar hacíamos temas de Beatles, Rolling Stones, Led Zeppelin, y tocábamos en el Liceo, o en cumpleaños de quince y esa onda, todos covers. Y paralelamente teníamos una onda de escribir letras y grabarnos, inventar personajes, que no sabíamos que más adelante podían llegar a ser parte de las canciones. Y más adelante empezaron a serlo sin quererlo, ya que no nos interesaba cantar nada de lo que estaba establecido. Justo en esa época empieza a salir Leo Masliah y varios músicos populares uruguayos que nos dieron la pauta de que se podían hacer letras inteligentes con un humor rebuscado, medio surrealista, sin perder el formato de la canción, que era lo que nosotros estábamos tocando. Entonces ese amalgamiento de lo que era la música pop y roquera que tocábamos, con las letras fuera de lo común, se convirtió en el caballo de batalla que hacia que la gente parara la oreja. Podía gustarles o no, pero no pasaban desapercibidas. El Cuarteto de Nos nunca pasó desapercibido.

AB: -¿Y eso sirvió para que se consolide esa forma de componer?

RM: -Si, también hemos tratado de tener matices a lo largo del tiempo por dos razones claras: una es la física y genética que hace que vayas creciendo y no escribas lo mismo a los 17 años que veinticinco años después. Y la otra también es que una vez que nosotros salimos del amateurismo (que fue hace muy poco), se presenta el hecho de no repetir las formulas. Antes de grabar el disco “Raro”, pensábamos que teníamos dos opciones, marcarnos como un grupo bisagra y establecernos como un clásico en Uruguay, o marcar el rumbo y hacer algo totalmente distinto y jugárnosla, y ese riesgo fue el que hizo que mucha gente ahora nos pregunte por qué recién nos conoce con este disco pese a que estamos tocando hace veinticinco años.
Las fotos fueron sacadas por Bruno Bertagna, y son de julio de 2007, en Montevideo, Uruguay, cuando entrevistamos al propio Roberto junto al bajista Santiago Tavella.

Entrevista a CHALA MADRE

miércoles, 30 de julio de 2008

SECCION: ENTREVISTAS


El pasado jueves nos visitó Andrés Beltrán, cantante de la banda uruguaya CHALA MADRE, muy exitosa del otro lado del charco, y que está haciendo su movida acá en Argentina. Acá un fragmento de la entrevista realizada en Al Borde del Tiempo:

El año pasado tuvieron un gran show en el Salón Pueyrredón ante mucha gente, ¿cómo empezaron a notar ese seguimiento de público argentino?
La gran diferencia con la historia nuestra de Uruguay, es que allá tenemos una presencia más fuerte. Tenemos una discográfica, más difusión, etc. Acá es como que se da con la gente a la que realmente le gusta la banda, y se lo recomienda a amigos, y nos vienen a ver y les va gustando. Funciona el boca en boca, no es que se les impone algo y lo tienen que escuchar sí o sí.

¿Cómo es más específicamente en Uruguay?
Mucha presencia. Tenemos un circuito grande, vamos por todo el país, se nota el crecimiento, hay un buen feeling en vivo. En Montevideo presentamos discos y se hacen los shows fuertes, pero la movida más importante se da en el interior, donde hay muchos festivales.

Muchas bandas uruguayas nos dijeron que se dio un crecimiento cuando se abrieron hacia el interior.
Montevideo es el lugar donde vivimos, armamos todo y es nuestra ciudad, pero hay mucha onda y lugares increíbles en el interior. Hay muchos festivales que acá no llegan y no se conocen, pero tienen mucha repercusión, y ahí esta muy bueno tocar, ante cinco mil, seis mil personas.

¿Están pensando en un disco nuevo?
Tenemos dos discos editados, “Hoy es el día” de fines de 2006, y el primer disco salió en 2005. Ahora estamos trabajando en un disco nuevo que va a salir probablemente después del verano de 2009. Está avanzado, y si todo sale bien la idea es traer los discos para acá, que tal vez es algo que nos esta faltando. Ahora solo en los shows se pueden conseguir.

Entonces que la gente aproveche cuando toque acá Chala Madre para comprar los discos. ¿Están a precio argentino? Porque en Uruguay están caritos…
En Uruguay son como un Etiqueta Negra (risas). Es un lujo. No puede ser que cuesten tanto los discos allá, y cuando venís acá están casi a mitad de precio. Alláse está gestando toda una movida para evitar la piratería, pero así va a ser difícil con esos precios. Creo que parece ya como que es una costumbre que el disco cueste tanto. Pero a uno le gusta tener un disco original, tener todo el arte de tapa, yo soy de la época de poner el disco y sentarme a leer el librito. Eso se perdió un poco, y es por la piratería que se da a partir del alto precio de los discos.

¿Que bandas te gustan de acá?
Y me quedan las bandas más que nada históricas como Sumo, Los redondos, Los Pericos o Los Cadillacs. Hay bandas más nuevas que me gustan pero ninguna como esas. Y allá lo que más se escucha en este momento son Los Piojos o Bersuit, que tiene toda una maquina que los alimenta. Hay mucho culto del rock argentino, pero todo de bandas de fines de los 80, esas que lamentas que estén separadas. Pero también empezamos a mirar nuestra música, aunque las bandas referentes suelen ser más esas viejas bandas argentinas.

Entrevista a Shaila

martes, 22 de julio de 2008

SECCION: ENTREVISTAS

El pasado jueves, Joaquín Guillén, cantante de SHAILA, visitó el programa, anticipando detalles de la grabación de CD + DVD en vivo, el próximo 2 de agosto en el Teatro Roxy de Colegiales.

AL BORDE: -El próximo sábado 2 de agosto, gran fecha con grabación de CD y DVD en vivo…
JOAQUIN: -Sí, la veníamos maquinando hace un año. Es un quilombo armarlo, coordinar todo el tema del sonido y el video, acomodarlo a un presupuesto. Pero bueno, surgió la idea. Es lo que hacemos en los micros cuando estamos al pedo.

AB: -De repente estaban todos durmiendo y uno salto y dijo “che hagamos un dvd”.
J: -Es un suicidio comercial. Es la culpa del micro, nos hubiéramos ahorrado toda la plata y viajábamos en avión (risas). Pero esta buenísimo todo lo que tiene que ver con esa noche en sí. Un compañero de la banda decía “que nervios vamos a tener”, y no, los nervios ya los tenemos ahora. Esto lo digo porque generalmente en vivo estamos relajados y en estudio somos muy hinchapelotas, somos los músicos y el presidente de la compañía al mismo tiempo.

AB: -¿Se va a grabar todo el show entero?
J: -No, nos guardamos un margen para hacer una selección, y porque nos conocemos como somos. La idea es traer toda la historia de la banda en una noche, bah en una noche no, sino todo, porque incluso lo que mas nos divierte es hacer el backstage. Mostrar un poco nuestra vida, pero no sólo “hoy estoy comiendo fideos”, o “esta es mi mamá”. Aunque algo de eso va a haber (risas).

AB: -¿Después de la grabación del disco en vivo van a descansar un poco?
J: -No, vamos a seguir y a grabar un nuevo disco. Hoy hablábamos con los de la banda de eso, Era un “che, no te aguanto mas, cuando nos vamos a dejar de ver por un rato” (risas). Pero la máquina esta funcionando y hay que seguir. Ahora estamos pilas con esto del vivo, y teníamos ganas de mostrar a la banda y también a la gente. Un poco el puntapié de la idea fue para mostrar también al publico, no sé si es bueno o malo ahora que lo pienso, pero creo que al ver el dvd, la gente va a robar bastante protagonismo.

AB: -¿Y verse a ustedes mismos?
J: -Eso va a ser una cagada, una tortura, es lo peor. Yo me escucho y no lo soporto, peor va a ser verme.

AB: -Y bue, si sos cantante aguantatelá.
J: -Claro, si te gusta el durazno bancate la pelusa.

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